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sábado, 21 de junio de 2008

Lo de la patada iba de coña.

Raedera transversal convexa. (Musteriense)

Cualquiera que sea capaz de distinguir un trozo de sílex, por ejemplo, de cualquier otra piedra y haya paseado por algún sitio donde lo haya -mejor por campos labrados- habrá visto que aparecen trozos fracturados que a su vez tal vez presentan en sus superficies negativos de otros saltados menores. Es normal, y no por ello son restos de una industria prehistórica.
Algunos se pueden reconocer fácilmente como de origen térmico, aparte de por su morfología –circular o elipsoidal que les asemeja a grandes lentejas o hemilentejas- porque carecen de los atributos que evidenciarían que se han desgajado del bloque del que formaban parte como consecuencia de la percusión o presión ejercida por algo o con algo: no tienen talón, que es el punto o plataforma donde algo percute o presiona, ni tampoco bulbo, un abombamiento o convexidad desarrollada junto a aquél como consecuencia de las ondas generadas por el impacto. Es como extraer con una cucharilla un trozo de helado en el centro de la superficie de uno de esos pedazos de “corte”: la cara exterior (dorsal) de ese pedacito sería plana y la interior (ventral) convexa. Una vez separado de la cucharilla no tendríamos ni idea de por dónde se le ha hincado el diente para extraerla. Nadie, ni siquiera Mikel Aguirre, podría hacer una extracción con esas características.
Otros trozos de ese campo tal vez sí presenten su taloncito y su bulbo, por lo que se han generado como consecuencia de un impacto en lo que ahora es el talón (volviendo al ejemplo del helado es como si la extracción la realizáramos desde un borde, aplicando la cuchara en algún lugar de una de las caras verticales de ese “corte”; esa cara vertical es equivalente a una “plataforma de percusión” y el trocito que de ella nos llevamos es el talón. Así que nuestro trocito de helado tendrá una cara dorsal, un talón, en este caso perpendicular a aquélla, y una cara ventral que ya no será igual a la anterior: será más ancha en la zona del talón (zona proximal) y acabará estrechándose hasta enlazar con la otra en el extremo opuesto, la zona distal). Pero ese golpe, ese impacto, no necesariamente lo ha tenido que dar un hombre; los cantos se han podido movilizar y chocar entre sí, ser golpeados por un arado, por una caballería (cuando las había). Incluso para hacernos darle más vueltas al pedrusco podría ser que sus filos presentaran otros saltados “a modo de retoque”.
Entonces ¿Cómo distinguir algo humano de lo que no lo es? Cómo distinguimos los objetos artificiales, que son el producto de una actividad proyectiva consciente, de los objetos naturales, los que resultan de la acción fortuita de fenómenos físicos.
En la mayoría de los casos no hay problema. Los criterios de la regularidad y de la repetición nos resuelven la papeleta. Lo primero supone que, salvo en el caso de las formas cristalinas, en la naturaleza no suelen darse aristas rectilíneas, simetrías… En fin, una típica punta de pedúnculo y aletas, una hoja de laurel, un bifaz lanceolado es bien improbable que puedan ser el resultado de cuatro coces dadas por un burro en una era o del deslizamiento de un canto por una ladera chocando aquí y allá. La repetición implica, como decía Monod, que “materializando un proyecto, artefactos homólogos, destinados al mismo uso, reproducen renovadamente, de modo muy aproximado, las intenciones constantes de su creador.” Esos artefactos homólogos en el campo de la prehistoria se constituyen en “tipos”; una raedera ladeada lo es, como lo es una limaza, un buril arqueado, una punta de Vachons, una de la Font Robert o un buril de pico de loro, y los tipos, o muchos de ellos, además, como decía Smith son significativos en el tiempo, en el espacio o en ambos. Memecio hablaba hace unos días de los “fósiles directores”.
Pero nosotros no estamos ante una situación obvia. Nosotros estamos en medio de un campo, con una lasca en la mano con cuatro saltados que parecen retoques. En este caso es muy importante el contexto. Cuando en el colgajo anterior hablábamos de la industria de Gona, al respecto de la misma Semaw indicaba en su publicación las condiciones sedimentarias en las que esas piezas habían aparecido: en un sedimento arcilloso, con ausencia de elementos groseros, depositadas en condiciones de baja energía (lo que supone que no había habido movilización, evidenciada también porque las aristas se presentaban vivas y no redondeadas), es decir, que argumentaba que no había habido procesos naturales que hubieran podido generar esos tipos de restos, que además hubieran sido extremadamente caprichosos al actuar (desprendiendo lascas) en un área muy concreta de las piezas y no en distintos puntos, cualesquiera, del perímetro de los cantos. Con nuestra lasca ocurriría algo parecido. Tendríamos que ver si la superficie de los negativos generados por esos saltados presenta las mismas características que el resto. Si por ejemplo la pieza está patinada y esos negativos no presentan pátina es que se han producido tiempo después (muy significativo); cómo se distribuyen y si forman una delineación continua; si son directos e inversos indiscriminadamente y aquí y allá, si la pieza está rodada, etc., etc., etc. Un conjunto de evidencias, en suma, que permiten afinar mucho aun en los casos más complejos.

Y todo esto viene a cuento de que anoche el Genaro, mientras echábamos unos tragos, me dijo que la viñeta con la que acompañé el último colgajo no le ha gustado mucho. “Leches, Jones…, es un poco tendenciosa, y ahora sólo nos faltaría que además de los canadienses, los chinos y los de Myanmar se nos echasen encima los arqueolocos…, menudo plan Jones, ¡menudo plan!”. “Venga Genaro, venga…, por Dios” respondió la Merche, “si no nos leen ni canadienses, ni chinos, ni birmanos, ni arqueolocos…, si no nos lee nadie”. “No sé, no sé…, en cualquier caso tampoco es cierto que le des una patada a un ‘choped’ y te salga un ‘chopintul’. La gente puede pensar que los arqueolocos son unos tarados que en cualquier pedrusco ven una intervención humana y…, oye, que eso no…, que eso no es así”, concluyó mientras se amorraba a un “sling” que hubiera hecho que HAL9000 se abriera los circuitos en canal.

domingo, 18 de mayo de 2008

Entrevista al tecnólogo Mikel Aguirre.

Mikel Aguirre (a la izquierda).
Hoja de obsidiana con retoque plano. Mango de asta con cabezas de saiga y pantera grabadas (realizado por Mikel Aguirre).

Como habíamos adelantado, hemos “en3vistado” a Mikel Aguirre, arqueoloco que, entre otras cosas, dirige desde 1996 las excavaciones en el yacimiento de Antoliñako koba, en Vizcaya, y que es un reconocidísimo especialista en el campo de la tecnología lítica. Las piezas que él reproduce constituyen colecciones de referencia en muchos laboratorios de universidades y museos.

Por tecnología lítica se entiende, en un sentido amplio, el conjunto de procesos analíticos que, a través de sus diferentes aportaciones, nos permiten finalmente comprender el objeto arqueoloquico “como resultado del sistema de producción lítico”, y abarca desde la localización de los puntos de abastecimiento y las estrategias de aprovisionamiento de la materia por parte de aquellas gentes, hasta la determinación de la funcionalidad de las herramientas, pasando por su proceso de transformación. Cada uno de esos campos es en sí mismo muy complejo y es difícil que un tecnólogo los abarque todos. Mikel Aguirre está comprometido en sus estudios y en su experimentación con las dinámicas, con los procesos de producción de los artefactos. Estudia y reproduce los sistemas técnicos de talla, los pasos seguidos en la cadena operativa que permiten la producción de artefactos, desde la configuración y explotación de los núcleos hasta la transformación de los soportes en los útiles definitivos, y de cómo aquellos (los procesos) han ido evolucionando a lo largo de la prehistoria. Cualquier resto, transformado o no, puede ser interpretado por estos arqueolocos, de hecho lo es, como evidencia de una técnica, de una estrategia, como resultado de un fallo, de la solución aplicada a un problema, o de un abandono.

Homorgasmus. Para tallar artefactos líticos, para conseguir lo que tú consigues a partir de un meño de sílex, además de tener conocimientos en tecnología y tipología…, obviamente, ¿hace falta ser un poco animal o, dicho de otra manera, un alfeñique como yo podría hacer algo parecido?

Mikel Aguirre. Por supuesto. Incluso mejor. La talla de rocas duras como el sílex requiere maña, más que fuerza, salvo quizá en el retoque por presión de piezas bifaciales, que necesita fuerza con mucha maña -y ésta puede suplir hasta cierto punto aquella-. La talla requiere aplicar unos principios y procedimientos muy simples, sin necesidad de conocimientos amplios. En esencia, la talla de tradición prehistórica e histórica (no olvidemos las piedras de fusil y las piezas de trillo) es el conocimiento práctico e intuitivo -la capacidad de prever un resultado- de la respuesta de una roca ante variadas acciones técnicas destinadas a fragmentar el material según determinadas geometrías. La mayor o menor variedad de técnicas y métodos que un tallista sepa aplicar marcará su competencia. Y ésta, como en cualquier disciplina artesanal, sólo se adquiere con muchas horas de trabajo, y mucha paciencia y constancia. Lo más habitual es abandonar por desaliento, puesto que se puede tardar bastante en adquirir la competencia mínima y verse satisfecho por unos resultados. Además, hay que disponer de sílex en abundancia con un mínimo de calidad para reproducir las principales técnicas, las cuales necesitan de materiales concretos (madera y astas de cérvidos) para confeccionar percutores, cinceles o compresores, de diferentes pesos, tamaños y formas… Lo cierto es que tiene que estimularte mucho para llegar a aprender las técnicas y métodos básicos, y para ello es necesario disponer de una mínima habilidad manual y mucho interés. Intenta hacer un bifaz y en cinco minutos te digo si podrías aprender o no.

Homorgasmus. Bueno, otro rato, hoy no he venido preparado. Todos los hombres y las mujeres de la prehistoria son anónimos, pero en ciertos casos, como ocurre con el arte, se dice reconocer “escuelas”, e incluso “artistas”. Mas que hablar de “artistas” se habla en realidad de “manos” ¿Con lo lítico puede pasar también? Quizás te haya ocurrido alguna vez, no con material de un mismo sitio, claro, pero… en alguna ocasión… decir, “me tinca que esta pieza la ha hecho la misma persona que hizo tal otra”; piezas que necesariamente son singulares, claro.

Mikel Aguirre. Ese es un problema de larga discusión en tecnología lítica prehistórica. Los estudios realizados sobre material experimental no son concluyentes. Entre tallistas actuales, y con un amplio muestrario de materiales de cada individuo y en técnicas concretas (reducción bifacial, retoque por presión o modalidades de talla laminar) pueden apuntarse tendencias, ciertas formas de hacer, pero en esencia, las diferencias serán de competencia, mala, buena, muy buena o excelente según su experiencia, y replicando las técnicas y productos más habituales de la Prehistoria. Otra cosa es la “talla creativa”, de valor artístico en algunos casos, de ciertos productos por retoque plano, inspirados en los “excéntricos” aztecas. Son elementos cuya elaboración requiere de una competencia técnica que muy poca gente ha logrado, y son fácilmente identificables por ello.
En cualquier caso, en la talla del sílex y de otras rocas similares hay un marco limitado a las posibilidades físicas de obtener geometrías y jugar con ellas en tres dimensiones: ¡no es lo mismo tallar una hoja de Volgu que La piedad de Miguel Angel!. Una gran hoja de laurel puede hacerse de muy pocas maneras: mal, regular, bien, y muy bien. Aunque ciertos gestos técnicos, su orden, ritmo o dirección puedan delatar alguna mano. Estos gestos pueden aprenderse, y si pasan a otros tallistas que alcancen similar competencia, crear una “tradición técnica”, que sería posible identificar en el registro arqueológico. Sin embargo, este registro -los yacimientos arqueológicos-, raramente tiene la suficiente definición y calidad como para hacer florituras estilísticas.

Homorgasmus. Y quién es tu ídolo. ¿A quién que no tiene nombre te gustaría parecerte en esto de la talla cuando seas más viejo?

Mikel Aguirre. Me gustaría tener el tiempo suficiente para alcanzar la maestría de los tallistas solutrenses de Les Maitreaux o Volgu, de los últimos de Filipinas nórdicos del Bronce antiguo, de los productores de cuchillos predinásticos egipcios, de los artesanos de grandes láminas de Grand-Pressigny, y de los andaluces o búlgaros capaces de producirlas con ingenios de palanca, o la de los tallistas aztecas. En fin, profundizar experimentalmente en cada uno de esos aspectos de la tecnología requiere realmente un gran esfuerzo y dedicación.

Homorgasmus. A todo aquel que empieza a tallar, o a quien desearía hacerlo, le gustaría comenzar obteniendo soberbias hojas de laurel, por ejemplo. ¿Aquí se puede correr antes de empezar a andar? ¿Es necesario empezar por ese anodino y poco sugestivo mundo de los cantos que además tiene que ser tan sencillo?

Mikel Aguirre. Me temo que sí. La evolución de las técnicas de talla constituye un largo proceso de aprendizaje que ha durado más de dos millones de años: una historia técnica -¡la Historia Técnica, con mayúsculas¡- que no podía avanzar sin los conocimientos adquiridos en cada fase previa. Tallar un buen bifaz supone dominar la percusión dura, saber hacer cantos. Reproducir el método de lasca levallois en todas sus variantes y saber jugar bien con el volumen del núcleo te capacita para hacer excelentes bifaces. Extraer láminas por percusión blanda requiere los conocimientos mínimos necesarios para una reducción bifacial con la misma técnica, además del dominio de la percusión dura y del tratamiento de volúmenes que requiere los inicios de todo proceso de talla (elección y testado del bloque inicial, emplazamiento de las estructuras del núcleo). A partir de ahí, del dominio de la percusión directa en todas sus variantes, se puede trabajar la percusión indirecta, en debitado laminar y conformación de núcleos, y la presión, en retoque y talla laminar. Este sería un proceso completo de aprendizaje ideal, siguiendo la lógica evolutiva, aunque no es necesario para aprender algunas técnicas, como el retoque plano ¡Pero sí para obtener soportes de calidad que retocar!

Homorgasmus ¿Qué recomendarías a aquellos y aquellas que desearan empezar a tallar?

Mikel Aguirre. Entusiasmo e interés, paciencia y constancia con un mínimo de habilidad manual, cuanta más mejor. Y que sean hábiles en procurarse materia prima que romper, lo mejor que esté al alcance, natural o artificial, sin afectar a la propiedad ajena ni a la integridad de las personas. O al menos que no les vean.

Homorgasmus. El rano verde nos ha dejado una pregunta para ti. Quizás el hecho de que haya sido el único le haga merecedor de recibir un bifacito o algo así ¿o qué? Bueno, primero te hago la pregunta y luego decides. Se congratula de que las diferentes industrias líticas sean referidas (“incluídos dentro de” sería más propio) como Modos (1, 2…), pero se pregunta si en la Península, entre los conjuntos con cronologías entre 1,4 y 800.000 años (modo 1) se aprecia algún tipo de evolución o por el contrario es más bien constante y relativamente uniforme como el modo 2. Que por cierto ¿tu crees, y esta es otra pregunta, que el modo 2 es uniforme?

Mikel Aguirre. Bueno…no deja de ser otra clasificación normativa muy genérica inoperante a escala regional, pero que asume una visión del registro más progresista, evita una relación directa etnia-complejo industrial que ha sido común dentro del paradigma histórico-cultural. El Modo 1 peninsular es básicamente cantos unifaciales y lascas simples, poca bifacialidad, además, al parecer, de dos momentos de poblamiento separados por un episodio de extinción, y que apenas se diferencian en lo tecnológico: por ello y por más cosas consideran estas nuevas poblaciones como originarias de Asia. El Modo 2 no es uniforme, además, se hacen descubrimientos técnicos de gran relevancia: la talla bifacial con percutores orgánicos o “blandos” y la comprensión volumétrica necesaria que servirá para desarrollar técnicas de predeterminación de lascas como la levallois. Los límites entre los llamados Modos no son bruscos. A fines del período del Modo 2 y ya se utilizaban los métodos de talla que caracterizan el Modo 3, etc.: la evolución de la tecnología de la piedra es un proceso acumulativo: la capacidad de obtener lascas normalizadas de un núcleo centrípeto o levallois te dota automáticamente de capacidad de reproducir cantos y bifaces, por la sencilla razón de que todo núcleo levallois ha sido en algún momento en su proceso de talla “canto tallado” o “bifaz parcial”. En fin, no sé yo si este rollo merece un bifacito…

Homorgasmus. Se dice por ahí que cuando eras bebé en lugar de manipular sonajeros ya te dedicabas a dar cantazos a las piedras y que tu señora madre tuvo que poner a buen recaudo las porcelanas. Incluso, esto supongo que será un bulo, que en una ocasión dejaste a varios caseríos sin luz porque mangaste los aislantes de los postes eléctricos. Se talla bien con eso ¿eh? Es decir, has hecho añicos muchas toneladas de sílex, y supongo que habrás gastado muchos metros de tiritas. Creo que sería interesante que comentaras que no se debe ir por ahí dando cantazos a diestro y siniestro.

Mikel Aguirre. Algo de eso hay. Empezé a tallar joven, con 17 años, y no era fácil conseguir buen sílex, así que aprendí el retoque por presión en vidrios de ventanas, pantallas de televisión, culos de botella y cenicero, aislantes eléctricos de vidrio y porcelana. En porcelana hay calidades, claro. Estos materiales son excelentes para aprender retoque plano, e incluso reducción bifacial por percusión blanda, pero con mucha precaución, especialmente con el vidrio, siempre acabas por clavarte algo (siempre con guantes, y aún así). Solía llevar la herramienta en el bolsillo, y la punta que estuviera tallando, y practicaba en cualquier rincón durante el poteo dominguero deustoarra o las tardes de plaza. Algunos de mi cuadrilla acabaron controlando un huevo de tipología.
Efectivamente, la talla experimental genera unos residuos que no pueden abandonarse en cualquier parte, especialmente con sílex o rocas locales, puesto que pueden confundirse con el material arqueológico y generar confusiones con consecuencias graves; tiene que ser un vertido controlado: al contenedor directamente.

Homorgasmus. Vamos a preguntarte por el tiempo que es necesario para fabricar una serie artefactos. Queremos sorprendernos. En el caso de útiles sobre lasca o sobre lámina damos por hecho que ya tenemos la lámina, así que no contabilices el tiempo necesario para la preparación del núcleo y la extracción del soporte ¿ok?

Mikel Aguirre. Vale. Daré un mínimo y un máximo con márgenes razonables, que pueden variar.

Un bifaz amigdaloide 10-20 minutos
Una raedera 5-15 segundos
Un buril de noailles 10-30 segundos
Una hoja de laurel (tamaño estándar) ¿Estándar dónde? Una de 10-15 cm 15-60 minutos
Un raspador simple 5-15 segundos
Un triángulo 1-3 minutos
Una punta de pedúnculo y aletas 10-45 minutos

¿Y cuanto nos llevaría realizar un astil para esa punta?

Mikel Aguirre. Partiendo de una rama fresca de avellano, lo más accesible y fácil: cortar, descortezar y calibrar (con una lámina simple, reduciendo grosor hasta que pase el astil por un agujero practicado en un hueso con el diámetro requerido), enderezar con calor, tallar el culatín, emplumar y montar la punta (con tendón y cola), se puede hacer un apaño rápido en 1 h disponiendo de todo.

Homorgasmus. ¿En que materiales trabajas y cuales prefieres?

Mikel Aguirre. En los últimos tiempos he tallado una obsidiana extraordinaria, mexicana, (láminas por presión y cuchillos de retoque plano) con resultados impresionantes. Es un material espectacular, pero demasiado delicado para mi gusto. Prefiero el sílex, en nódulos de córtex fino cuanto más grandes mejor. Aplanados para talla bifacial y más masivos para la talla laminar. Hay pocos lugares en la mitad norte peninsular que den material así. El sílex del valle del Ebro es de buena calidad, y a veces da sorpresas muy agradables. He tallado también algunos buenos nódulos de Grand-Pressigny, un sílex que proporciona mucho gozo. En belleza, los sílex norteafricanos y algunos raros materiales norteamericanos. Pero siempre vuelvo al sílex negro del flysch vizcaíno, en pequeños bloques, pero que cuando es de calidad responde con una franqueza muy familiar.
A veces sueño que encuentro nódulos de medio metro de un sílex negro mate de grano fino y corteza gris translúcida, homogéneo, sin fisuras, inmaculado... Es un sueño recurrente y sufro en él una especie de síndrome de Stendhal cuando veo los nódulos que me provoca despertares melancólicos. ..

Homorgasmus. Vaya..., cuanto lo siento. Oye.., aunque no hay muchas maneras de ponerle un cascabel a este gato (imposiciones y limitaciones de la materia juegan un papel importante) no todos los tecnólogos, tallistas, trabajaís exactamente igual ¿No crees que tú, en concreto, eres un poco obsesivo con la preparación de los núcleos?

Mikel Aguirre. Es posible, y hay una buena razón para ello. Aprendí a tallar con sílex cretácicos del flysch vizcaíno costero que he mencionado antes, de forma autodidacta. Encontré muy pronto un buen afloramiento en la costa, al pie de los acantilados, pero que requiere al menos de media jornada de trabajo en la búsqueda y selección del material, y el acarreo de una mochila con 20 o 30 kilos de piedras para hacer rentable el viaje. Hay que subir unas escaleras que salvan 40 metros de desnivel, cuando no me pillaba la marea y la mar de fondo y tenía que subir el acantilado por un sendero de contrabandistas medio escondido entre plantas rastreras y punzantes, y con riesgo cierto de escoñamiento. La mayor parte de las veces son jornadas de placer (y ejercicio), pero en más de veinte años me han tocado dos galernas, caídas con torceduras y diversas mataduras, olas traicioneras, tajos de novato…Comprenderás, estimado Jones, que me haya convertido en un tallista que no le gusta el derroche, y esa obsesión en la preparación de los núcleos responda a la necesidad de asegurar al máximo el rendimiento de los núcleos, y a apreciar la materia prima de calidad que tanto trabajo cuesta encontrar.

Homorgasmus. Esto de ser arqueoloco ya se sabe que tiene muchos riesgos. ¡A mi me lo vas a contar! Para acabar, dos cosas. Tenemos curiosidad por los remontages, esos puzzles tridimensionales líticos. No sé realmente si es una práctica extendida o no. ¿Son realmente útiles?

Mikel Aguirre. Pueden ser útiles pero no son imprescindibles en un estudio tecnológico. No es una práctica extendida porque requiere un esfuerzo considerable, y hay que calibrar bien su conveniencia según el yacimiento. Aportan interesantes ejemplos de los procesos técnicos presentes en determinado sitio, pero esos procesos podemos deducirlos a través del análisis de los caracteres del material lítico. Tan relevante o –a veces- más es la información microespacial que aportan, definiendo una secuencia de acciones técnicas sobre una superficie, calibrando el grado de movilidad postdeposicional del material o la integridad estratigráfica de una secuencia. Quizá nos deslumbraron las publicaciones de yacimientos como Étiolles, Pincevent o Meer, espectaculares, bien conservados y con materias primas excepcionales. Son raros los yacimientos en los que se dan condiciones propicias que hagan rentable el esfuerzo.

Homorgasmus. Háblanos de esas extraordinarias láminas calcolíticas. Cómo se extraían. ¿Qué demuestra más pericia en el trabajo del sílex, éstas o lo artefactos solutrenses?

Mikel Aguirre. Creo que la explotación de grandes láminas de estilo neolítico y calcolítico incorpora conocimientos técnicos más complejos que una reducción bifacial de estilo solutrense aunque, probablemente, requieran similar inversión de horas para adquirir la competencia o pericia necesaria. Las mejores láminas se hacían por presión con palanca, como ha demostrado J. Pelegrin. La mayor dificultad no radica en su misma extracción, con el núcleo inmovilizado y realizando la presión con una pértiga articulada armada de un puntero de cobre, sino en la preparación del núcleo a partir de un bloque de gran tamaño, su desbastado y emplazamiento de las estructuras del núcleo, su regularización por percusión indirecta con punteros de cobre, y el mantenimiento y la preparación de los puntos de presión. Así Pelegrin obtiene láminas de más de 35 cm, totalmente regulares, como las del neolítico búlgaro o andaluz. Las producciones quizá más abundantes se realizaban a percusión indirecta, con áreas de mayor especialización como Grand Pressigny en el noroeste francés, con una materia prima de calidad excepcional, y en cuya réplica Pelegrin también es un maestro. Parece que en la producción por percusión indirecta de grandes láminas hay un punto crítico dimensional (unos 20 cm) a partir del cual hay que modificar la forma del cincel intermedio, haciéndolo curvo para facilitar una prolongación del tiempo de empuje durante el desarrollo de la fractura… En fin, técnicamente apasionante, pero para poder adquirir experiencia es necesario el acceso a materia prima de excepcional calidad, y no es abundante.

Homorgasmus. Pues muchas gracias Mikel por estar aquí con nosotros (o conmigo porque no sé si hay nosotros..., jeje) y por tu amabilidad. Ya sabes que para nuestro grupo de petanca eres el ídolo. Antes de terminar y por seguir abusando... ¿Podemos anunciar que en breve iniciaremos un curso sencillo de talla en este blog dirigido por tí? Digamos 10 lecciones, por si algún día nos toca ir a “Supervientes”.

Mikel Aguirre. Vale.

Homorgasmus. Pues dicho queda y aceptado públicamente, que conste. Ojo que si no se cumple te afeitaré el bigote con ese fantástico cuchillo de obsidiana. Hasta pronto pues y gracias.
Mikel Aguirre. Hasta pronto.