Por compensar.
viernes, 13 de febrero de 2009
jueves, 12 de febrero de 2009
Otra vez será, Charles.
Hoy me ha soltado a bocajarro, justo cuando me estaba rascando un sobaco y abriendo la boca sin ningún disimulo, que es como está mandao que hay que desperezarse, que los chimpancés y nosotros no somos parientes tan cercanos y que aumenta la distancia genética en un 10%. Y ahí es cuando me he caído. Malamente y desde el suelo he llegado a balbucir ¿y quién dice eso?,
- El mundo, señor.
- ¿Todo el mundo?
- No, lo pone aquí, en este diario que tanto le gusta, El Mundo.
lunes, 9 de febrero de 2009
Abstenerse hipocondríacos.
Cráneo con un tumor orbital.Te he advertido, que conste. He visto estos días en varios periódicos la noticia de que en el Museo Egipcio de Barcelona se ha abierto hasta el 30 de junio una exposición bajo el título “Esqueletos enfermos”. En ella sus comisarios, Albert Isidro y Assumpció Malgosa (de quienes ya recomendé en un pegote el libro “Paleopatología. La enfermedad no escrita”) han conseguido reunir y nos ofrecen un amplio repertorio de enfermedades y dolencias sufridas por los humanos a lo largo de la historia que han quedado registradas en los huesos.
En una de esas noticias se incluía esta imagen, que… en fin…, no me he podido resistir a colgar. Si tuviera que apostar diría que se trata de un osteoma. Los osteomas son tumores que crecen lentamente y que producen masas esclerosas de hueso, plurilobuladas o de contornos lisos, a veces de un tamaño importante. En el cráneo y en la cara pueden desarrollarse en la tabla externa e interna, o sea, que pueden crecer hacia adentro o hacia fuera. Son tumores benignos que nunca se transforman en malignos, pero claro, si crecen en zonas como el cráneo y hacia adentro, pueden comprometer por compresión áreas vitales o provocar cuadros hipertensivos intracraneales. En el caso de la fotografía afecta claramente a la órbita del ojo izquierdo, pero yo díria que también a la fosa temporal. Esa zona desenfocada que se ve ahí, por fuera del cráneo, yo diría que también es tumor (si alguien va a verla que me lo diga). Vaya mala pinta que tiene eso.
miércoles, 4 de febrero de 2009
Sansevieria ehrenbergii.
S. trifasciata y S. ehrenbergii.
Una de las especies de este género es la S. ehrenbergii, a la que en lengua maa los masai llaman Oldupai. En una zona del norte de Tanzania esta planta prolifera de forma especialmente notable, y ha recibido su nombre como topónimo; es la Garganta de Oldupai (Olduvai desde que empezaron a pulular los europeos por allí).
Garganta de Oldupai (Olduvai).
Hoy es un cañón seco y profundo que en la estación húmeda da salida a aguas de los lagos Ndutu y Masek hasta la depresión de Olbalbal, pero hace algunos millones de años la zona entera era un enorme lago alcalino en el que se fueron acumulando depósitos de sedimentos (algunos de ellos, afortunadamente, de origen volcánico). Posteriormente movimientos tectónicos drenaron el lago, y esos sedimentos empezaron a ser erosionados. En la actualidad el depósito estratigráfico que ha quedado al descubierto tiene 100 m. de potencia y sus capas (beds) más conocidas, la I y II (de base a techo) que abarcan desde 1.8 a 1.2 M.a., han proporcionado restos de Paranthropus boisei y Homo habilis y herramientas de la industria Olduvaiense (registrada ahí por primera vez).
Empezado a excavar en la década de los 30 del pasado siglo por Louis Leakey, es uno de los yacimientos más importantes del mundo. Este mes el Museo Arqueológico Regional de Madrid será sede de un curso dirigido por Manuel Domínguez-Rodrigo, profesor de Prehistoria de la UCM, sobre la Arqueología de los orígenes humanos en el África oriental, en el que este sitio, Olduvai, Oldupai en maa, es protagonista. Aquí dejo la publicidad. Como siempre, "click" para agrandar.

lunes, 2 de febrero de 2009
viernes, 30 de enero de 2009
Blombos: ocres grabados de 100.000 años.
Uno de los nuevos fragmentos de ocre grabado. 100.000 años.
martes, 27 de enero de 2009
El primo Mickey.
Los cladogramas se leen de abajo a arriba –de hecho los tres de la fila superior están proporcionando exactamente la misma información. Los nodos –que marcan un episodio de especiación- pueden rotarse sin que el significado del gráfico varíe.Entonces entró en escena la biología molecular. E. Zuckerlandl y L. Pauling plantearon que ésta ofrecía posibilidades para construir árboles genealógicos y para determinar el momento en el que se había producido una excisión en una rama –un reloj biomolecular-, superando así las meras comparaciones anatómicas, que a veces pueden ser engañosas. Cuando un linaje se separa en dos taxones diferentes cada uno de ellos irá acumulando cambios -mutaciones genéticas- de manera continua e independiente, de forma que cuanto más lejano sea el momento de la separación mayores serán las diferencias genéticas entre ambos. Basta con conocer el número de variantes entre proteínas homólogas, o fragmentos homólogos de ADN de especies distintas y la frecuencia con la que se producen para saber lo emparentadas que están y hasta cuándo compartieron un ancestro común. En 1967 A. Wilson y V. Sarich, analizando esas diferencias en la albúmina, una proteína que chapotea por la sangre, de monos rhesus, gorilas, chimpancés y humanos establecieron que la separación entre los antropomorfos africanos y la rama humana se produjo hace unos 5 M.a. (Immunological time scale for hominid evolution. Science). El modelo pues debía de cambiar y se transformó, aunque no de inmediato, en otro en el que los humanos compartían durante un tiempo un antepasado común con los antropomorfos africanos (fig. 2). En los años 80, una nueva técnica biomolecular, la hibridación de ADN, puso de manifiesto el estrecho parentesco entre chimpancés y humanos, que compartieron un ancestro común durante tal vez 2 ó 3 M.a y del que el linaje de los gorilas se había desgajado con anterioridad, hace unos 8 ó 10 M.a. (fig. 3).




