miércoles, 13 de mayo de 2009

Los Principios de la Arqueodinámica y el extraño caso del yacimiento desaparecido.


Hubo un mundo más viejo, saturnino,
es cierto,
quién sabe si feliz. Eran muy pocos,
dispersos por la tierra inacabada.

Los dioses compasivos los juntaron
en el alto de cabezos sitiados.

Trazaron los caminos a los campos.
Las cañadas del monte y la avenida
en la orilla templada de los ríos.

Los sumaron.
Y pronto fueron muchos…

(Arco iris, Carlos Barral)

…y allí estaba yo, Pepe Carvalho, bajando de Vallvidrera hacia la Barcelona preolímpica de 1985, con mi minimonolito tuneado en forma de Ford Fiesta, modelo de 1982, internándome en las previsibles realidades sociológicas del barrio de San Pablo que florecía a espaldas del Liceo y a despecho de la Historia. Aparqué el coche donde pude y, de camino al despacho, visité un bar de referencia obligada para el mantenimiento de la conciencia de clase que se había quedado acartonado -como congelado- en 1960, debajo de una costra de mugre y grasa de fritanga. El establecimiento parecía amarrado sin remedio a la misma suerte de su dueño, un sesentón gordo, calvo, sudoroso y resignado, que mediaba a duras penas entre una barra atestada de platos con tapas, que, a estas horas de la tarde, ya viraban sus respectivos colores al amarillo, y unos anaqueles repletos de también exudantes botellas de chinchones, anises del mono, machaquitos, fundadores y segovianos. Las botellas y las marcas hablaban bien a las claras de las preferencias de una clientela fiel, sin duda poco exigente en cuanto a la medicación que se autorrecetaba, pero, a todas luces, reducida. Tres orujos gallegos helados me sacaron del ensimismamiento estético/social y dos más vinieron a fundirse felizmente en mis neuronas y a provocar un estado de ánimo soportable. Aplicada la posología habitual en las tardes de hastío y recobrado un cierto entusiasmo -que tampoco llegaba al optimismo antropológico, no hay que exagerar- me dispuse a subir a mi despacho no sin antes visitar a Bromuro, que hoy sentaba su cátedra a expensas de su banqueta de limpiabotas, masajeándole los zapatos con betún a un garrulo del Penedés, en misión secreta en el Chino, que habría venido ese día a comprarse en ElCorteInglés el traje prêt à porter verde manzana que lucía sin estupor y con el que pretendería, sin paliativos, triunfar en la noche Barcelonesa a lomos de una buena cena, su digestión gozosa reglamentaria en una sala de fiestas de tronío y todo lo que, por añadidura, se le pusiera por delante.

-¿Qué hay, Bromuro?
-Hola, Pepiño. Contento vas, según veo.
-Sí, y no ha sido fácil, te lo aseguro. Anda, dame un Cerdán que no esté muy seco y un estuche de cerillas.
-Toma y no quemes el mundo, que no vale tanto fósforo…
-Pierde cuidado, tengo trabajo, han matado a un yacimiento arqueológico y me han encargado el caso.
-¡Mira lo que te digo, Pepiño, ten cuidado!, hace dos días que no se habla de otra cosa, pero sin detalles –dijo bajando la voz-, los de la Social andan como locos sacando a los sospechosos habituales de sus catres a las tantas de la noche y dando unas palizas fenomenales. Se ve que no dan con “el quid” y andan cabreados como monos. Al parecer era un yacimiento muy fino y se lo estaba beneficiando una arqueóloga con familia de Pedralbes…, de toda la vida…, tú ya me entiendes…
-Sí, sí, ya lo sé, ¿qué se dice por ahí?
-¡Ni mu!, y eso es lo más raro, el muerto al hoyo y el vivo al bollo, ¡esto con Franco no pasaba, Pepe! –dijo con voz, desde 1977 cada vez más sigilosa, pero tan audible que más de un peatón se volvió como asustado- Mira –añadió-, cuando el canario no canta o está muy jodido o hay grisú, así que vete con pies de plomo.
-Y con careta antigás, ya veo…
¡Pepiño, no jodas…!
-No te preocupes…

Bromuro ya se había ganado las tres mil pesetas que me habían costado el puro y las cerillas. Pasé con diligencia y rapidez por delante de mi buzón, repleto de facturas y octavillas de propaganda y subí al despacho.

-Hola, jefe.¿dónde ha andado todo el día? –dijo Biscúter saliendo de su cado tras la cortinilla que le separaba del despacho de Carvalho, donde oficiaba de cocinero y chico para todo.
-En mi casa, componiendo un milhojas de boletus, foie y manitas de cerdo deshuesadas para formarme como es debido en estratigrafía arqueológica harrisiana.
-¡Jo, como se cuida! Y ¿ese Harris, un amigo?
-Sí, un agente doble o triple, que conocí en la CIA hace muchos años, al que le gustaba todo muy ordenadito y en su sitio.
-Ya…, le ha llamado una señora por la mañana.
-¿Qué quería?
-Dijo que sólo podía hablar con usted, pero que la telefoneara por la tarde, porque hoy estaría todo el día con no sé qué de una matriz. ¿Está enferma?
-¡Otra que tal!, ¿ha dejado el número?
--Sí, jefe, está en la mesa, al lado del teléfono.

La tarde se retiraba tras los cristales de la ventana semicircular del despacho, ayudada por unos árboles que amortiguaban la luz y desdibujaban los sonidos y el ajetreo del trasiego de la calle. El detective miró el teléfono y marcó el número en el aparato de baquelita negra, testigo, parlanchín a tiempo parcial, de que el pasado siempre es mucho mejor cuando se mira desde los ojos de un auricular atado a un cordón negro de tela sobada por el paso de los decenios.

-Buenas tardes, quisiera hablar con la Sra. Mónica Lladó…, sí soy yo, el mismo…, ¿esta noche?..., en Los Caracoles…, a las diez…, de acuerdo.

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Pasó Carvalho como siempre, en la Plaza Real, ante el escaparate de una especie de museo de ciencias naturales donde, tras los cristales, le contemplaba, todavía asombrada, la faz de una cabeza de jíbaro reducida que le recordaba todos los días que una cabeza, por pequeña que fuese, siempre tiene posibilidades de disminuirse prescindiendo de lo prescindible: por ejemplo del cerebro.

Cuando, dos minutos después, llegó al restaurante y atravesó la ajetreada cocina, Mónica Lladó ya le esperaba. La reconoció porque delante de ella había, sobre una servilleta de papel, un gimlet hempeliano, que Carvalho sabía que no tomaban más que los arqueólogos muy, pero que muy recalcitrantes.

-Buenas noches.
-Bona nit –asintió ella alzando unos ojos grises, atentos y escrutadores.
-Soy… -empezó el detective.
-Ya sé quien es usted y usted ya sabe quien soy yo, así que, si le parece, podemos empezar. Qué curioso, yo creía que los detectives no existían más que en las novelas y en las películas…
-A veces, cuando termina la película o la novela, nos indultan y nos dejan salir al mundo exterior, pero, es curioso, yo también creía que las arqueólogas intrépidas eran personajes de ficción –dijo Carvalho sonriendo suficientemente mientras se arrellanaba en la silla y recordaba una antigua aventura en Tenerife.
-Bien, algo de eso hay… -concedió bastante contrariada por la devolución de la impertinencia.
-¿Es usted quien excavaba al difunto yacimiento arqueológico?
-Sí.
-¿Qué clase de yacimiento era?
-Normal…-dudó- quiero decir…, como todos, un pequeño poblado ibérico en un altozano con sus murallas, su hábitat doméstico…, en mi opinión la interpretación más plausible…
-Perdone, su interpretación no me interesa. Según el Primer Principio de la Arqueodinámica, las interpretaciones arqueológicas ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman, así que da igual lo que usted opine. ¿Cómo lo mataron? –cortó seco.
-Con una interfacies negativa, una tremenda interfacies negativa que lo abarcó todo, vamos…, un tremendo socavón es lo único que quedó.
-¿Restos del difunto, huellas del arma del delito o del asesino?
-Ninguna, no ha quedado nada, es… como si se hubiera esfumado.
-Comprendo. ¿No es posible que haya desaparecido voluntariamente?
-Imposible.
-¿Por qué?
-No…, no es de esa clase de yacimientos, éste era muy tranquilo, yo diría que bastante sedentario e inmueble.
-¿Inmueble dice…?
-Sí, ya me entiende, éste no era de esos…, como los yacimientos costeros, que se van con la primera ola que llama a su puerta. Además –se puso muy seria- habíamos quedado el mes pasado en que lo excavaría este verano. Me contraría sobremanera la falta de formalidad.
-Una chica formal…, ya veo, ¿despechada?
-Sí, un poco, estas cosas me enervan.
-¿Habían excavado en él antes otros equipos arqueológicos?
-No, ¿por qué?
-Porque, según el Segundo Principio de la Arqueodinámica, en cualquier yacimiento arqueológico la entropía aumenta de forma directamente proporcional a la cantidad de equipos de investigación que en él excavaron…, y eso cambiaría mucho las cosas.
-¿El señor tomará…? –interrumpió el camarero del chaleco verde.
-El señor tomará el aire, una ensalada de lechuga, cebolla y rabanitos con aceitunas negras de Alcañiz y un pescado a la plancha –dijo de mala leche Carvalho, que todavía tenía el foie del milhojas del almuerzo a medio digerir.
-¿Puede ser rape? –musitó el camarero.
-Puede ser, pero si me pone juliana se la llevará con mis respetos e improperios al maitre.
-Desde luego, ¿la bebida?
Un blanco del Penedés más frío que el alma de los pollos que ustedes asan al ast en la puerta de este establecimiento.
-Entendido.
-¿Qué es la juliana? –preguntó Mónica.
-Un pescado de sabor absurdo que se parece al rape.
-Ya…
Dígame, ¿se ha puesto alguien en contacto con usted; tenía enemigos ese yacimiento?
-No, nadie. Ha muerto, estoy segura.
-¿Por qué?
-Si estuviera vivo me habría llamado, naturalmente.
-Bueno eso lo librará de cambios indeseados, ya sabe, según el Tercer Principio de la Arqueodinámica, para que nada cambie en un yacimiento el trabajo arqueológico realizado en él tiene que tender a cero y, en este caso, eso ya está asegurado. ¿Y los enemigos?
-¡Curioso principio! Sus enemigos eran pocos, nada serio, un par de promotoras inmobiliarias de medio pelo. Pero ellos no han sido.
-¿Tan segura está?
-Sí, siempre dejan huellas, son unos chapuzas…, además mi padre lo sabría.
-Comprendo, ¿su nombre?
-Mónica…
-Ya…, ¿y el del yacimiento?
-El Molí, disculpe, estoy algo nerviosa.
-Permítame que lo dude, ¡está buena esta juliana!
-¿Pero usted dijo…?
-Ya…, pero el rape es otro de los muchos paraísos perdidos, ya nadie lo distingue de la juliana, y hay que ser flexible para sobrevivir entre ignorantes.
-O acomodaticio y calzonazos.
-Bien, como usted prefiera.

Como la botella de Blanc de Blancs había expirado su última gota y aquella arqueóloga borde parecía no tener más impertinencias que proferir, ya nada retenía a Carvalho en aquel restaurante. Así que se fue.

Al día siguiente el caso estaba resuelto.

-Jefe –dijo Biscúter- ¡es usted un hacha!
-Sí, amigo, ha sido un caso claro de emulación que he desentrañado aplicando la simple lógica. Igual que, por el Cuarto Principio de la Estratigrafía, dos estratos diferentes, si tienen los mismos materiales arqueológicos, son de la misma cronología, dos asesinatos diferentes son producidos por el mismo criminal o sus émulos si se emplea el mismo modus operandi. El criminal siempre se repite. Han sido los de la secta AlcubWinckelWheeleriana, no cabe duda.
-¿Y como sabe usted que no fueron ellos mismos, quiero decir, Alcubierre, Winckelmann y Wheeler?
-Porque los asesinos fueron muy pulcros, no dejaron testigos por ninguna parte e hicieron desaparecer las terreras como si jamás hubiesen existido. Además, porque no han encontrado agua como en el planetoide Calamocha. No, no han sido ellos, el criminal siempre se repite hasta la nausea, te lo tengo dicho Biscúter.
-¿Y el móvil?
-¡El de siempre, Biscúter, el de siempre!: uno de los miembros de la secta es un antiguo novio de Mónica Lladó, al que dejó por otro con más metros cuadrados de finca alrededor de la casa familiar. Además, el pobre imbécil, es arqueólogo aficionado, así que consideró más oportuno cargarse el yacimiento que al nuevo pretendiente. ¡Una víctima de las circunstancias, te lo digo yo!
-¿Y el yacimiento?
-Otra –sentenció Carvalho.
-¡Brillante, jefe, brillante! ¿Hacen unas albóndigas de sepia en salsa de azafrán?
-¡Hacen!

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-¡Eh, Hal, despierta, marmota! –dijo Hodder sacudiendo a Hal9000 por el hombro.
-¡Qué pasa! –se despertó agitado.
-Que estabas hablando en sueños de no sé qué de un Molí y de unas albóndigas de sepia…

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La cena de rape al ajo tostao, tras la que había quemado en la chimenea un libro de la serie Carvalho, en homenaje al personaje y a su autor, me había sentado como un tiro. Estaba claro que mi entusiasmo por la misión seguía en su sitio e incólume, pero cuando salí a la puerta de casa y me encontré aparcado el Ford Fiesta, modelo 1982, con matrícula de Barcelona, comprendí que necesitaba unas vacaciones urgentemente. Así que me fui al Dry Martini -indiscutible paraíso coctelero, una vez que el Boadas ha sido asaltado por una horda salvaje, combinado insufrible de turistas y estudiantes Erasmus- sito en la barcelonesa calle Aribau 162-166, a pedirle a su pontífice maximo, Javier de las Muelas, un “Coctail Carvalho” y a pensar en mi destino. Fue inútil. Sólo después del quinto brebaje caí en la cuenta de que, como dice el Principio Cero de la Arqueodinámica, si dos arqueólogos están de acuerdo con un tercero, también lo están entre si; así que si Pepe Carvalho y Hal9000 están de acuerdo con Manolo Vázquez Montalban, los dos primeros están en absoluta sintonía. En consecuencia, al día siguiente, aparcamos el Ford Fiesta en el aeropuerto y partimos, Pepe y yo, inmediatamente hacia los Mares del Sur para iniciar una vuelta al mundo en una canoa de totora. Creo que tardaremos un poco en volver, porque nos han dicho que todavía quedan islas con chicas simpatiquísimas. Ya veremos. Siempre nos quedará el Calamocha.

Fdo.: HAL9000



CÓCTEL ARQUEODINÁMICO CARVALHO: la búsqueda de un cóctel dedicado a Carvalho es frustrante. La opinión de su padre literario a propósito de que “Los cócteles... son exquisiteces urbanas, construcciones artificiales, pócimas que hacen compañía, que ayudan a la transformación del imbécil Dr. Jekyll en el animado Mr. Hyde. Corto o largo, el cóctel es la única droga posmoderna aceptable, pues reúne diferentes culturas del alcohol y del calor al servicio de la cultura del sabor”( Manuel Vázquez Montalbán, prólogo a Los cócteles del Boadas Cocktail Bar, de María Dolores Boadas) y los múltiples combinados trasegados por el propio personaje detectivesco, no le han facultado todavía para ser agraciado con la dedicación entusiasta de un combinado decente. Carvalho es sobrio, prefiere el orujo o un buen blanco frío y su condición de exquisito gourmet rara vez se impone a unos orígenes sociosentimentales enraizados en las clases populares del cap i pota o del buen güisqui americano a palo seco, al que se aficionó cuando trabajaba para la CIA. En un blog, abandonado ya hace bastantes años a su suerte, que navega todavía por el ciberespacio a golpe de inercia (“Bitácora de los Caballeros. Diario de a Bordo de la Espiritual Orde dels Cavallers Suprarromàntics”) encontré una propuesta que no está mal, algo simple, pero, por ello, bastante carvalhiana. Se trata el asunto de, en una coctelera fría, perfumar unos hielos con un buen chorro de Triple Seco o de Cointreau, agitar brevemente, tirar el licor sin mala conciencia y añadir el orujo gallego, mezclar sin mucho empeño y servir inmediatamente con una frambuesa, un rubí de granada o un lichí. Posiblemente, la simple imagen de añadir hielo al orujo haga temblar la ceja a más de uno. Quizá el mismo detective montara su arma ante una propuesta semejante, pero, qué queréis, eso es todo lo que hay y siempre he considerado de mal gusto matar al mensajero; así que: ¡chitón!

viernes, 8 de mayo de 2009

Humorgasmus.


martes, 21 de abril de 2009

Última hora: parto con dolor.


Tal vez recordeís que hace un tiempo citamos a Zollikofer, aunque sólo fuera de pasada, a cuento de que sugería que las mujeres neandertales necesitarían de apoyo social durante el alumbramiento (M. Ponce de León, et al. 2008: Neanderthal brain size at birth provides insights into the evolution of human life history. PNAS). En un artículo publicado en la Early Edition de la misma revista (Neandertal birth canal shape and the evolution of human childbirth), T.D. Weaver y J-J. Hublin han reconstruido mediante Tomografía Computerizada la fragmentaria pelvis del esqueleto C1 del yacimiento de Tabun (Israel), y aunque indican que su canal de parto era más sencillo y el proceso diferente, no siendo necesarias las rotaciones a las que se ven obligados los bebés modernos para gestionar con solvencia su tránsito por él –innovación evolutiva que por tanto surgiría en exclusiva en la rama de los sapiens-, dicen que las mujeres neandertales parían con dolor. "A la mujer dijo [El Creador]: multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos;"... Génesis Cap.3 Vers.16; y también otro listo, José Fernández Rodríguez, concejal de la coalición PAS-URAS-Unidad Campesina en el Ayuntamiento asturiano de Tineo, "porque así lo dice la Biblia", que leches).

lunes, 20 de abril de 2009

Chicle (I).

Cuando el otro leí que en el aeropuerto de Leipzig habían encontrado un chicle tirado me quedé a bolos. ¿Sólo uno? ¡Leches, menuda noticia! me dije. Pero como soy como soy concluí de inmediato que no podía ser, que ahí había gato encerrado, y que por esos lares tenían que estar utilizando otras estrategias igualmente cerdas a la hora de mandar a cascarla las gomas de mascar, como dejarlas pegoteadas bajo mesas, mostradores, butacas, bancos. También pensé en Ben Wilson, y en que aunque todavía le queda tajo (sólo en las calles del centro de ciudad de México tiene ni más ni menos que 70 de ellos pegados por metro cuadro), quizás estuviésemos ante el principio del fin de su carrera. Tendría poco sentido pintar algo de lo que nadie va a disfrutrar, salvo que nos diese por poner patas arriba el mobiliario antedicho.
Pero la noticia no tenía nada que ver ni con lo cerda que es la humanidad actual ni tampoco ponía en peligro el futuro del amigo Ben, porque era un chicle, sí, pero de hace 7000 años. ¿Un chicle? Pues hombre…, es que así se las ponían a Fernando VII. Como hace 7000 años el aeropuerto de Leipzig tenía muy poco tránsito se ha conservado hasta nosotros en forma de pseudo peloteta con dientecitos marcados y todo ¿Qué va a ser pues? Hoy así uno dura menos de lo que cuesta chupar un espárrago, pero no es nuestro problema si no es nuestro el zapato. Que se espabilen los arqueolocos del futuro. Además se sabe que era de sabor extrafuerte, no porque se le haya vuelto a dar uso, que después de 7000 años mira tú que ascos, sino porque analizado se ha comprobado que era alquitrán, o brea, de corteza de abedul. Vamos, que en comparación las pastillas Fisherman’s Friend son una chuminada.


Chicle pegoteado en asfalto y pintado por Ben Wilson.


Receta de la abuela para obtener alquitrán de corteza de abedul. Ingredientes: Corteza de abedul. Requerimientos: Sitio al aire; algo para hacer un agujero; madera o carbón para un buen fuego; algo para hacer el fuego; un bote de hojalata, por ejemplo; y una caja, también de hojalata, con tapa. Proceder: Una vez en un sitio al aire libre se hace un agujero en el que se que introducirá el bote. A continuación se perfora la caja por su base, en su punto más hondo (con un agujero majete en el centro será suficiente). Se introduce en ésta la corteza -mejor “de pie” para que el aceite fluya sin problemas hacia el fondo- y se cierra la caja con su tapa. Habreís deducido ya que de lo que se trata es de que el aceite pase al bote que ya tenemos metido en el agujero que hemos hecho en el suelo, de manera que colocaremos la caja encima del bote. Se pone la madera y/o carbón encima y rodeando la caja y se le prende fuego. En un ambiente reductor –sin oxígeno dentro de la caja- la corteza de abedul no arderá, que es de lo que se trata, pero quedará completamente ennegrecida. El fuego lo mantenemos durante unas horas –dependerá de la cantidad de corteza que se ponga-. Tras esta primera fase tendremos un bote con el aceite generado por la combustión parcial de la corteza. Este aceite hay que reducirlo como si de una salsa se tratara, colocando el bote sobre o al lado de un fuego. En el proceso de reducción se generan gases que no son nada, pero nada buenos, y que por lo tanto es mejor no respirar. Además el aceite es muy inflamable. Para saber cuando la cosa está lista basta con echar una gotita del contenido del bote en agua. Si solidifica, ya está. Cuando lo des por hecho puedes verter el alquitrán, todavía líquido, en recipientes con formas a tu gusto y triunfar repartiéndolo entre los amigos. Sabe fatal cuando se mastica, y no se pueden hacer bombas, pero tiene propiedades antisépticas y la halitosis queda completamente enmascarada.

miércoles, 15 de abril de 2009

Familias neandertales.


En un estudio publicado en PLoS One (Genetic Evidence of Geographical Groups among Neanderthals), Virginie Fabre, Silvana Condemi y Anna Degioanni, del Laboratorio de Antropología de la Universidad de Marsella apuntan que el linaje neandertal no fue uniforme y homogéneo a lo largo de los 400.000 años que duró su historia evolutiva. Parece ser que la familia neandertal se dividió en tres subgrupos, con una ligera variabilidad genética y cierta diversificación morfológica en función de su ubicación geográfica: uno en Europa Occidental, otro en el sur del continente y el tercero en el Levante, en la orilla oriental del Mediterráneo, sugiriendo incluso la posible existencia de un cuarto subgrupo, en las estepas centrales de Asia.

Las investigadoras han tenido en cuenta el análisis de ADNmt de doce fósiles neandertales (realizados por distintos grupos de investigación desde 1997, entre ellos uno perteneciente al yacimiento del Sidrón -43.000 años de antigüedad-, otro de Vindija -Croacia, 38.000 años de antigüedad-, y varios más de Uzbekistán, Siberia, el Cáucaso, Alemania, Bélgica, Francia e Italia), sus características morfológicas y factores migratorios y de dispersión de los poblaciones neandertales de entre 100.000 y 30.000 años atrás. Según ellas, el tamaño de la población total de neandertales varió de forma importante a lo largo de los siglos, debido a ciertos movimientos migratorios entre los distintos subgrupos, y la variabilidad entre ellos, según habitaran en Europa occidental, del sur, o en Eurasia, se interpreta como “una consecuencia indirecta de las condiciones climáticas particulares sobre sus respectivos territorios a lo largo de todo el Pleistoceno Medio”.

miércoles, 8 de abril de 2009

Otra de caballos.

Fotografía de Paul Keates.
¿Os acordaís de Natalie Stear? ¿No? Vamos a ver… ¿y del koumiss? ¿Tampoco? Vaya. Hace un tiempo dejé un colgajo sobre la domesticación del caballo. Natalie, o la Stear, como querais, que trabaja en Bristol en el equipo de Richard Evershed, había encontrado señales isotópicas de leche de yegua en restos cerámicos de la cultura Botai datados en 3500 años a.C. ¿Os suena ya? Decíamos entonces que ya que ordeñar a una yegua salvaje se antojaba un asunto como para nota, la cultura Botai –desarrollada en las estepas del norte de Kazakhstan- era una buena candidata para asignarse la domesticación de ese bello animal, mediado el IV milenio a.C. Sí, sí, lo sé…, se que estais pensando “pero Dr. Jones, ¿eso de la leche y de la domesticación…, no está un poco cogido por los pelos? Pues hombre…, es un dato, claro. Había leche de yegua, luego utilizaban la leche de yegua, pero esto no prueba necesariamente que las yeguas estuvieran domesticadas. Siempre ha habido bestias, y habrá, y el último superviviente es un ejemplo de ello. En cualquier caso no sólo estaba el tema de la leche, había más cosas. Por ejemplo se detectaron estructuras –presuntamente cercados, ya se mencionó-, hecho que no es muy compatible con grupos de cazadores móviles de manadas salvajes. Los restos de fauna, muy abundantes, correspondían casi en su totalidad a restos de caballo, y la representación esquelética registrada excluía un transporte diferencial asociado con grandes matanzas (cuando uno caza grandes animales suele descuartizarlos en el matadero, llevándose sólo las partes más rentables cárnicamente y, en su caso, aquellas que tienen utilidad como materia prima, de manera que la representación esquelética que aparece en los lugares donde se matan o procesan, kill-sites, butchering-sites, es diferente a la que se registra allí donde se consumen, que generalmente es en casita), aunque otro dato que podría ser significativo, el del perfil de las edades, no permitia distinguir con claridad entre un manejo prudente del rebaño y una actividad cinegética. Por último estaba también el hecho de que los útiles propios del trabajo y la producción de pieles y correas de cuero predominaban sobre los propios del equipamiento de un cazador. Lo cierto es que todas estas evidencias, tomadas en conjunto, resultaban fuertemente sugestivas de la posible manipulación de caballos domesticados, pero verdad es que todas ellas son pruebas indirectas.



Hace una semanas volvieron a la carga con el tema en un artículo publicado en Science (A. Outram et al. The Earliest Horse Harnessing and Milking), y aunque en él se indica que “la existencia de pruebas arqueológicas sobre la domesticación del caballo en la cultura Botai no es concluyente”, se siguen aportando otras que siguen apuntando en la misma dirección, en la de la presencia de una proporción de caballos domesticados entre sus manadas. Estas pruebas son de dos tipos. Por una parte está la basada en las medidas de los metacarpianos de varios conjuntos de caballos, que van desde los que aparecen en el yacimiento del Pleistoceno final de Kuznetsk hasta los domésticos actuales de Mongolia. Esos análisis situan a los caballos de los Botai muy próximos a estos últimos y a los caballos también ya claramente domésticos del yacimiento de Kent, un sitio de por aquellos lares de la Edad del Bronce entre el 1300 y el 900 a.C. Por otra está cierta característica patológica que podría indicar que los caballos llevarían arneses y quizás fueron montados.


El bocado de un caballo se coloca sobre el diastema mandibular, y un contacto repetido con la parte superior de éste puede producir periostitis, deposición de nuevo hueso patológico, o destrucción de hueso. También puede entrar en contacto con la zona anterior del segundo premolar, generando un desgaste del esmalte que deja expuesta la dentina. Cierto es que tal alteración puede ser producida no sólo por el bocado, sino también por el tipo de alimentación, pero para discernir entre una y otra pueden tenerse en consideración el tamaño y la forma del área expuesta. En el estudio, de una muestra de 15 premolares y diastemas mandibulares, un premolar presentaba una alteración inequívoca producida por un bocado, siendo posible en otros dos, y cuatro diastemas presentaban nueva formación de hueso. Así que nada, hasta que se tenga a un candidato mejor..., adjudicado a los Botai.

martes, 31 de marzo de 2009

Otro Guinness en Atapuerca.


"Un grupo de paleontólogos del equipo de Atapuerca identifica un cráneo del yacimiento de la Sima de los Huesos con una rara patología craneal derivada de la fusión prematura de las suturas del cráneo. La enfermedad, conocida como craniosinostosis y en concreto la unilateral lambdoidea afecta, en la actualidad, a menos de seis individuos de cada 200.000 nacimientos.
Su identificación se publica hoy en la revista científica 'Proceedings of National Academy of Sciences USA' (PNAS) y es el resultado de la aparición de estos fragmentos en las campañas arqueológicas de 2001, 2002 y 2004 en la Sierra burgalesa y que el año pasado el Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, dirigido por uno de los codirectores, Juan Luis Arsuaga, finalizó la recomposición.
Ana Gracia, Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez que pertenecen al Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, junto a otros colegas del equipo de Investigación de Atapuerca han excavado, recuperado y reconstruido, a partir de numerosos fragmentos, un cráneo que presenta esta alteración de más de 530.000 años procedente de la Sima de los Huesos, situado en la sierra burgalesa de Atapuerca.
El cráneo, identificado como 'Cráneo 14' perteneció a una niña o un niño que murió entre los cinco y los doce años de edad y presenta la fusión prematura de la sutura lambdoidea izquierda, por lo que el cráneo muestra un aspecto deformado y torsionado. En opinión de los autores, esta circunstancia se produjo porque el feto sufrió algún tipo de traumatismo en el útero, durante el tercer trimestre de gestación. En los humanos actuales y sus antepasados, los huesos no se sueldan de forma permanente hasta que el cerebro alcanza su tamaño definitivo. En los casos de esta anomalía lo que se produce es una fusión temprana de estas uniones, las suturas, sometiendo al cerebro a una presión anómala y haciéndole crecer, para compensarlo, en la dirección permitida. Este hecho puede producir retraso psicomotor en el desarrollo del individuo.
Otra de las conclusiones del hallazgo, según los autores, es que la supervivencia de este individuo hasta el final de la niñez constituye una evidencia de que estos homínidos no discriminaban a los bebés nacidos con patologías congénitas.
Esta prematura y anormal unión de los huesos del cráneo ocurre, en la mayoría de los casos, esporádicamente aunque se han descrito algunos casos por mutaciones genéticas.
Dentro de las sinostosis simples no sindrómicas (una sola sutura es la que resulta afectada), la sinostosis de la sutura sagital es la más frecuente, seguida por la coronal mientras que la sutura metópica y, sobre todo, la lambdoidea, son las menos frecuentes; este último caso es el que fue hallado por el grupo de investigadores de Atapuerca. El Centro Mixto UCM- ISCIII de Evolución y Comportamientos Humanos es fruto del convenio entre la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Salud Carlos III y en él se custodian los fósiles recuperados en la Sima de los Huesos, donde permanecen mientras se realizan los estudios sobre ellos, que se desarrollan en torno a diversas líneas técnicas y de investigación; área de Paleontología y Evolución Humana, área de ADN antiguo y área de Neurociencia. Además, se llevan a cambo aquellos trabajos de restauración y conservación del patrimonio fósil recuperado en la Sima de los Huesos durante las sucesivas campañas de excavación."