martes, 15 de abril de 2008

Animalotes políticos.

Estábamos el otro día echando un mus, ¡con 4 reyes por supuesto, como debe de ser!, y hablando de que si veníamos o no de los ctenoforos y tal (para más información consulta en un blog paleofreak, pero amateur) cuando Genaro, que había cortado el mus sin juego, sin pares y sin nada dijo que algún psicólogo había dicho por ahí que para ser feliz es muy importante tener mala memoria o, mejor aún, según él, no tenerla.

Para ser político tener mala memoria también viene bien, pero si en lugar de ser mala es selectiva, mejor que mejor. En cualquier caso está claro que eso sólo no es suficiente para ser político. Cualquiera podría hacer creer que tiene una memoria selectiva y podría ser político. El principal requisito para la Merche es el de tener la capacidad de decir cualquier estupidez, barbaridad, simpleza… sin inmutarse y aparentando, eso sí, que lo dicho no es algo que sea posible, sino que es un 2 + 2 (¿Habría alguién entre la gente de la calle capaz de decir que eso son hilillos como de plastilina, o que venga ya con lo del cambio climático porque mi primo... sin partirse el culo?). Para esto convinimos en que es necesario dos cosas: ser un absoluto sin vergüenza en el sentido literal (es decir, carecer de ella) y considerar (esto si que es básico) que los ciudadanos a los que se dirige uno son completa y absolutamente subnormales (ahora sí, en el peor de los sentidos). Y entre envidos, medias, duples y puntos decidimos crear otra sección, “Animalotes políticos”. Esta semana la sección estará ocupada por Juan Soler (portavoz adjunto del PP).

jueves, 10 de abril de 2008

Como en Sotheby’s… ¿alguien da más?

http://www.igme.es/internet/museo/investigacion/paleontologia/fonelas/

Hace unos colgajos, a cuento de la mandíbula de la Sima del Elefante, se mencionaron los sitios de Barranco León y Fuente Nueva 3, junto a Pirro Nord, como lugares en los que habría evidencias de la presencia humana en Europa por encima de la barrera del millón de años. Barranco León y Fuente Nueva 3 forman parte de un conjunto excepcional de yacimientos paleontológicos de la Cuenca de Guadix-Baza (Granada). Hay ahí un registro continuo que abarca los últimos 3 millones de años en lo relativo a restos de micromamíferos, si bien en cuanto a la paleobiología de los grandes mamíferos se carecía de información “resolutiva” en el lapso de 2,5 a 1,3 millones. El extraordinario yacimiento de Fonelas Pocico-1, que se sitúa en un intervalo temporal de 2 a 1,5 millones de años, está rellenando parte de ese vacío.

En cualquier caso el asunto que lo trae aquí es que hace unos días, antes de la presentación en sociedad del nuevo mentón de antecessor, Alfonso Arribas manifestó que en Fonelas P-1 parece haber evidencias de la presencia de homínidos hace, pues eso, casi 2 millones de años, Esas evidencias son “marcas de cortes” registradas en huesos aparecidos en un cubil de hienas. Los humanos habrían dejado esas marcas con sus herramientas de piedra durante el proceso de descuartizar las carcasas o de descarnar los huesos, y luego esos huesos fueron transportados por la hienas hasta sus cubiles para alimentar a sus crías. Así pues, el occidente europeo y las puertas del continente (D’manisi, en Georgia) estarían ocupados prácticamente a la vez. Habrá que ver esas marcas de cortes, de las que casi nadie del grupo de petanca duda, por supuesto (aunque El Rastas, que es de Miranda, está un poco bajoneado con esto).
Y habrá que agradecer a las crías de aquellas hienas que estuvieran un poco inapetentes.

martes, 8 de abril de 2008

Aparece el primer “wc” de la historia.

Chopper de Topper Site.


Parece que una especie de cubeta en la cueva de Paisley, Oregón, fue utilizada como lugar en el que hacer pis y pas por gentes de hace 14.300 años. La importancia que se le ha dado al hecho es que esas mierdas fosilizadas (en adelante coprolitos, si ha lugar) demuestran que el poblamiento americano es desde luego anterior a la fase Clovis, unos 2.000 años anterior.

Para los que somos ignorantes, para los que pensamos que la razón no tiene que estar necesariamente de parte del último que habla o de aquél que más grita, la fecha del poblamiento ya era necesariamente más antigua. El asunto se ha tratado a lo largo de siglos, primero desde posiciones anticientíficas (tataranietos de Noé, fenicios que se pasaron cuatro pueblos y por consiguiente el Atlántico, que no deja de ser un simple charco, gentes de la mítica Atlántida, egipcios que montaron una nueva factoría de pirámides, judíos que emigraron allí en el año de la polka), aunque alguna con extraordinaria perspicacia, como la de José de Acosta, que en 1590 en su “Historia Natural y Moral de Indias” planteó una poblamiento por gentes asiáticas que alcanzarían el continente americano a través de un punto que debía permitirlo y que debía de existir (el estrecho de Bering) aunque nunca llegó a saber de él (o al menos eso nos hizo creer D. José).

A finales del XIX se impuso la tesis uniracial de Hrdlicka, que planteaba un poblamiento reciente desde Ásia por parte de gentes paleomongoloides que atravesarían el estrecho de Bering a finales de la glaciación de Wisconsin (Würm en Europa) aprovechando la regresión marina. Interpretaba que había muchas semejanzas físicas entre los indios de Ámerica, lo mismo que lingüísticas, como para sugerir un origen común. Una derivaba de esta tesis, por lógica y siempre y cuando el avance fuera terrestre, es que las evidencias más antiguas en el Sur del continente habrían de ser más modernas que en el Norte. Rechazar esa vía de poblamiento sería ridículo, pero otros investigadores (Paul Rivet, Mendes Correa), sin desdeñarla, abrieron otras posibilidades, por ejemplo desde las islas del Pacífico (Melanesia y Polinesia) o incluso desde Australia a través de la Antártida. Incluso más recientemente Bruce Bradley y Dennis Stanford plantearon la posible llegada de gentes europeas a las costas orientales de Norteamérica hace unos 18.000 años, a partir de la supuesta semejanza entre la industria solutrense y herramientas encontradas en sitios como Meadowcroft, Cactus Hill y Topper Site. Éste último se fecharía entre los 16.000 y los 20.000 años. Y una cronología que supera la “barrera Clovis” también se ha constatado en sitios sudamericanos: Taima Taima (Falcón, Venezuela), Pilauco Bajo (Osorno) o Monte Verde (Puerto Montt), ambos en Chile, también con 13.000 años y una datación para el segundo de 33.000.

Así que lo que más me llama la atención de la noticia no es que se haya superado la “barrera Clovis” y el poblamiento americano sea 2.000 años más antiguo. A mí lo que me llama la atención es que unas gentes fueran a cagar hace 14.300 años repetidamente al mismo sitio dentro de una cueva. Podríamos denominarlo “fenómeno técnico en relación con la gestión de los desechos” (que por cierto esto me trae a la cabeza la Sima de los Huesos). Digo yo que con la de sitio que debía de haber… no vivirían ahí.

Terminología. Los arqueolocos denominan “chopper” a un meño de piedra que a los ojos de cualquier otro humano no dejaría de ser sino un mero meño de piedra. De esos meños se han extraído, eso sí, unifacial e intencionadamente, pedazos que dejan sus correspondientes negativos.

lunes, 7 de abril de 2008

En los cinco continentes.

Montaje.

Un desconocido mío se va estos días, eso me ha dicho, a Zimbabwe a hacer unas excavaciones arqueoloquicas. Casualmente la semana pasada la prensa ha traído información sobre la lamentable situación que vive el país. Una inflación de más del 100.000% (el precio de un billete de autobús varía a lo largo del trayecto). Un dólar americano son (o eran) 40.000.000 de dólares zimbabuenses. A raíz de ello, no de la inflación, sino de la coincidencia, he pensado en abrir otra sección en el blog (en realidad lo de sección es un decir, porque aquí toda va como un chorizo), referida a la arqueoloquía en otros continentes.

Durante mucho tiempo, la visión que se ha tenido de la evolución biológica y cultural de los humanos fue una visión eurocéntrica. A comienzos del siglo XX, cuando se debatía sobre cuál de las varias características que nos hacen humanos se había desarrollado primero, muchos no repararon en aceptar al Eoanthropus dawsonii (aparecido en Piltdown, Inglaterra) como el eslabón perdido entre los simios y nosotros, con un consiguiente origen europeo de los humanos. Ese fraude, posiblemente uno de los más grandes de la historia de la Arqueoloquía, impidió el justo reconocimiento durante años de los hallazgos de Dart en Sudáfrica. Para las interpretaciones evolucionistas, primero, y difusionistas, después, los grupos de “primitivos actuales”, que servían de experiencia viva del pasado a investigadores del XIX y principios del XX, eran grupos enquistados, sin la capacidad vital para evolucionar (culturalmente) o en su defecto situados al margen de las rutas o vías por las que habían circulado las ideas. A finales del siglo XIX Bent ya realizó excarvaciones en el Gran Zimbabwe, un conjunto de estructuras de una ciudad construida entre los siglos XI y XV que en su momento de mayor apogeo pudo contar con 18.000 habitantes. Pero no podía ser obra de poblaciones subsaharianas, consideradas carentes de cualquier tipo de sustrato civilizador. Hasta 1929 no se planteó abierta y taxativamente (Caton-Thompson) que fue obra de poblaciones africanas. Pese a las evidencias arqueoloquicas los gobiernos coloniales lo negaron durante mucho tiempo, y es que la arqueoloquía, mal entendida, puede ser un arma con un importante significado político.

martes, 1 de abril de 2008

Houston, Houston..., aquí Atapuerca.

Ha sido el tema estrella en la partida de petanca que eché este fin de semana con los amigotes: Arsuaga es el último de los firmantes (y sólo son 30) en el artículo publicado en Nature la semana pasada (The first european?). “Pero si es lo que se lleva ahora… joder…” decía un poco acalorado El Patitas, “que en estas revistas el jefe ahora firma el último… ¡leches!”, insistía, pero a la mayoría no se les acababan de cocer las berzas, sobre todo cuando a la hora del vermú llegó El Rastas con el Diario de Burgos (venía de Miranda de ver a una sobrina) y leímos que Arsuaga había dicho esa misma semana, en la presentación del hallazgo, que “El Homo antecessor es el mejor candidato para ser nuestro antepasado directo de hace un millón de años. En esa fecha no hay mejor candidato para ser no un pariente, sino el padre del padre de nuestro padre. Si alguien no está de acuerdo que demuestre que no es así.” Se nos atravesaron las gabardinas. “Que mal me huele esto, chicos…”, dijo Genaro mientras se zampaba un trozo de morcilla frita, “…eso es que no se han puesto de acuerdo. Esto es la hecatombe”, sentenció muy aspavientero él (el Gerano es un poco histriónico). “No entiendo yo…” dijo la Merche mientras aprovechaba para coger la última tapa de chistorra con pimiento verde “…eso de que haya que demostrar que algo que no está demostrado no está demostrado. Que rara es la Ciencia… ¿no?"

La Merche se refería sin duda a las hipótesis no confirmadas que pululan por ahí como si fueran hechos establecidos. El Homo antecessor (el hombre pionero) aparecido en el estrato “Aurora” de TD6 en Gran Dolina, y que se dió a conocer en 1997 (Science), fue recibido con división de opiniones, y hay quien no lo considera merecedor de una asignación específica propia. Los holotipos, es decir, los especimenes que mejor representan los rasgos de una especie (los tipos patrón) suelen ser de normal individuos adultos, cuando todos sus rasgos ya están definidos, y el chico de la Gran Dolina era un joven cuando se lo comieron. Por otra parte, los fósiles que se conocen son tan pocos y el lapso temporal tan grande que podría tratarse de una cronoespecie. Pero aceptando que Homo antecessor sea lo que se dice que es, luego está la cuestión de su posición filogenética propuesta: último antepasado común de las líneas que conducirían a los humanos modernos en África y a los neandertales en Europa. Puesto que es opinión más aceptada que el hombre anatómicamente moderno apareció en África (y no en Ibeas de Juarros), si Homo antecessor es antepasado directo nuestro, debió existir también en ese continente, y eso, si bien no es algo imposible, no ha sido demostrado en absoluto.

Esa hipótesis, por demostrar, además no contempla algún hecho cuando menos chocante. ¿Cuándo salió Homo antecessor de África? A la hipótesis le va mejor que hubieran salido más bien tarde, porque mantener una identidad de poblaciones separadas geográficamente a lo largo de cientos de miles de años es difícil de asimilar. Pero si salieron tarde por qué salieron con una mano delante y otra detrás (es decir, por que salieron con un Modo I, cuando desde hace 1,5 millones de años hay Modo II en África). Las evidencias arqueológicas apuntan a que quienes salieron así lo hicieron antes de 1,5 millones de años.

Por su parte, el hallazgo de la nueva mandíbula no favorece lo propuesto para Homo antecessor, aunque tal circunstancia ya debía haberse tenido en cuenta desde el momento en que se sabía que hay lugares por encima de un millón de años en el occidente de Europa (la propia Sima del Elefante, Pirro Nord, Barranco León, Fuente Nueva 3) que fueron visitados por humanos, siempre con ese Modo I. Provisionalmente la sínfisis mandibular de la Sima del Elefante se ha asignado también a Homo antecessor, a pesar de que no se sabe cómo tenía el mentón el chico de la Gran Dolina. Quizás dejarlo de momento como Homo sp. hubiera sido técnicamente más correcto, pero igualmente de comprometido para mantener a Homo antecessor en el sitio que se le quiere asignar. Si ambos son Homo antecessor se hace evidente, como se indica, que efectivamente hubo una expansión temprana de los homínidos desde África, representando estas poblaciones un proceso de especiación en este extremo de Eurasia a lo largo del Pleistoceno Inferior, desligadas de las poblaciones africanas. Si no lo fueran el escenario podría ser diferente, pero se me antoja que igualmente nada halagüeño para las aspiraciones de Homo antecessor, que de ser posible antepasado tal vez pasaría a ser vía muerta.

jueves, 27 de marzo de 2008

Sin ir más lejos.



Pues eso..., sin ir más lejos aquí tenemos, en una fotografía de Fernando Ávila, un resto aparecido en el yacimiento de la Cueva del Monte Castillo, en Cantabria. ¿Y qué es? Pues el arranque de un asta de ciervo. Si está es porque alguien la llevó (pasa como con la lata). De manera que cuando quien fuera la llevó había ciervos por ahí, y los ciervos de antes, como los de ahora, (esto supone aplicar un principio que se denomina actualismo), no debían vivir ni en praderas ni en sitios despejados de vegetación arbórea (¿alguna información de eso?). Ese trozo de asta conserva la corona (se puede ver en la zona superior izquierda), luego es un asta de desmogue, de manera que el ciervo no fue cazado (así que a esa gente además de la carne quizás les interesaba otras cosas de los ciervos... ¿o qué?). Y fijaos en la luchadera inferior... eso no parece un rotura natural, ¡...cielos, está cortada!. Luego alguien, se encontró en el bosque un asta de desmogue que un ciervo perdió (como hacen todos los años los machos, las hembras no tienen astas), se la llevó a su casa y la serró. ¿Acaso no tenía nada mejor que hacer?

Y ya en el yacimiento (melón)... ¿qué?



Por utilizar sólo dos palabras diré que esta fotografía es impre sionante. Es de Gérard Koehl y tiene una galería fantástica sobre los ciervos de Sainte Croix en la dirección indicada. Pero bueno..., nosotros a lo nuestro. ¿Qué pinta un ciervo aquí? En realidad podría haber puesto cualquier cosa: un grano de trigo, una piedra quemada, un trozo de carbón, una raspa, incluso la lata anterior, o no haber puesto nada, pero es que esta fotografía es... me retumba en los oídos el bramido de este ciervo en plena berrea. ¿No lo oís? Aunque la vista se va directamente a su impresionante cornamenta fijaros en su boca. Además está en relación con la próxima entrada y, por no abundar más, tampoco creo que tenga que dar demasiadas explicaciones.
Cuando excavamos en un yacimiento, sobre todo si es prehistórico, hay pocas posibilidades de encontrar restos humanos. Los restos humanos tienen su importancia, claro, porque nos proporcionan una información que de otra forma desconoceríamos. Por ejemplo cuán parecidos eran a nosotros, que enfermedades padecían o si se habían roto la crisma alguna vez, cuál era su calidad de vida (episodios de stress alimenticio, por ejemplo), la composición, en términos generales, de su dieta, etc. Pero uno de sus huesos o un conjunto de ellos nada nos dicen de otros aspectos de la vida humana: cómo transformaba los materiales, cúales usaba, en que médio vivía y en que condiciones climáticas, o si organizaba o no el espacio que ocupaba, por citar sólo algunos de entre una tira de aspectos que me aburriría escribir. Es como si entráramos en una casa abandonada en la que se conservaran muchas cosas de sus ocupantes aunque incluso pocas estuvieran intactas. No sabríamos si sus ocupantes eran altos o bajos, gordos o flacos, feos o guapos, pero seguro que llegaríamos a saber bastantes cosas interesantes de ellos, o cómo si indagáramos en la basura que tira la gente (se ha hecho) para determinar su tipo de alimentación, su poder adquisitivo o cualquier otra cosa.
El resumen es que en una excavación toda evidencia es susceptible de proporcionarnos información, y por lo tanto es importante registrarla y analizarla.