viernes, 30 de enero de 2009

Blombos: ocres grabados de 100.000 años.

Ocre grabado recuperado en el año 2002 en la cueva Blombos. 77.000 años.


El equipo que trabaja en la cueva sudafricana de Blombos publicará próximamente en Journal of Human Evolution 13 nuevas piezas de ocre grabadas. Así se indica en el último número de la revista Science (Early Star for Human Art? Ochre May Revise Timeline). En el 2002 ya se dieron a conocer otras dos, datadas hace 77.000 años, que fueron consideradas por muchos investigadores como evidencia de la aparición de la expresión simbólica y aun del arte 40.000 años antes de lo que se pensaba.


Uno de los nuevos fragmentos de ocre grabado. 100.000 años.


En esta ocasión se han usado al menos 4 métodos de datación, incluyendo OSL (termoluminiscencía estimulada óptimamente), que ha ofrecido fechas de 99.000 años para el más antiguo de los niveles, del que proceden 8 de las 13 piezas. Aunque algunos investigadores mantienen ciertas reservas, sugiriendo que las líneas que aparecen grabadas en las piezas de este nuevo lote podrían haberse producido incidentalmente al manipular el ocre en tareas utilitarias (ya se hizo mención en otro colgajo de que el ocre se utilizó con diversos propósitos), la marcas se presentan en modelos que parecen inconsistentes con el de la simple reducción del soporte a polvo. Diseños que incluyen líneas cruzadas, onduladas, en forma de abanico, o el examen microscópico que muestra que fueron realizadas con la punta de un útil lítico y un cuidadoso control del trazo refuta, en opinión de Henshilwood, que fueran simples garabatos, y sugieren una tradición de representaciones simbólicas por encima de los 100.000 años, que tal vez, según Mellars, se remonte hasta el origen mismo de nuestra especie, hace entre 160.000 y 200.000 años.

martes, 27 de enero de 2009

El primo Mickey.

¿Quién no se reconoce aquí?
Las relaciones de familia a veces dan unos disgustos tremendos. En el siglo XIX se montó un pitote importante con eso que se decía que había dicho Darwin, pero que en realidad nunca dijo, de que el hombre descendía del mono. Un verdadero cuadro…, gritos, histeria, hubo hasta desmayos y las reacciones habituales, aunque en este caso poco afortunadas, del tipo “mono sería tu abuelo”. Tiempo después, superado el shock inicial y otras cosas, se fijó un modelo filogenético que nos emparentaba con los póngidos, sí, pero a cierta distancia ojo. Si no tienes más remedio que ser primo de alguien, pues no tienes más remedio, pero está claro que no es lo mismo ser primo del de zumosol que del de Rajoy, porque como bien me dijo una vez un pastor de yaks que conocí en el Tibet “’pa’ las cuestas arriba quiero mi burro que las cuestas abajo yo me las subo” –un sabio aquel tipo-. Así que parientes seríamos, pero tarariparientes de tararaparientes de parientes que ya casi no eran ni parientes. El modelo filogenético utilizado hasta los años 60 del pasado siglo –e impuesto dos décadas antes- consideraba que los grandes simios (chimpancés, gorilas y orangutanes) constituían un grupo monofilético del que tiempo antes se había desgajado la rama que conduciría a los humanos (fig. 1). Al fin y al cabo el parecido físico entre esos grandes simios es mayor que el que hay entre nosotros y cualquiera de ellos. Veinte años no serán nada, vale, pero veinte millones de años ponían bastante tierra de por medio y podía ser un periodo lo suficientemente majete como para no tener que invitarles a la celebración tu divorcio. A partir de ese momento habríamos seguido ya solitos –nuestros antepasados- nuestra andadura, y así se discutía si el Sivapithecus era el primer homínido o si el Kenyapithecus madrugaría para fabricar herramientas –que no lo eran- hace 14 M.a., o bien preferiría las últimas horas de la tarde, con la caída del sol.


Los cladogramas se leen de abajo a arriba –de hecho los tres de la fila superior están proporcionando exactamente la misma información. Los nodos –que marcan un episodio de especiación- pueden rotarse sin que el significado del gráfico varíe.



Entonces entró en escena la biología molecular. E. Zuckerlandl y L. Pauling plantearon que ésta ofrecía posibilidades para construir árboles genealógicos y para determinar el momento en el que se había producido una excisión en una rama –un reloj biomolecular-, superando así las meras comparaciones anatómicas, que a veces pueden ser engañosas. Cuando un linaje se separa en dos taxones diferentes cada uno de ellos irá acumulando cambios -mutaciones genéticas- de manera continua e independiente, de forma que cuanto más lejano sea el momento de la separación mayores serán las diferencias genéticas entre ambos. Basta con conocer el número de variantes entre proteínas homólogas, o fragmentos homólogos de ADN de especies distintas y la frecuencia con la que se producen para saber lo emparentadas que están y hasta cuándo compartieron un ancestro común. En 1967 A. Wilson y V. Sarich, analizando esas diferencias en la albúmina, una proteína que chapotea por la sangre, de monos rhesus, gorilas, chimpancés y humanos establecieron que la separación entre los antropomorfos africanos y la rama humana se produjo hace unos 5 M.a. (Immunological time scale for hominid evolution. Science). El modelo pues debía de cambiar y se transformó, aunque no de inmediato, en otro en el que los humanos compartían durante un tiempo un antepasado común con los antropomorfos africanos (fig. 2). En los años 80, una nueva técnica biomolecular, la hibridación de ADN, puso de manifiesto el estrecho parentesco entre chimpancés y humanos, que compartieron un ancestro común durante tal vez 2 ó 3 M.a y del que el linaje de los gorilas se había desgajado con anterioridad, hace unos 8 ó 10 M.a. (fig. 3).

jueves, 22 de enero de 2009

Fichitas inútiles (coleccionables).




Click para agrandar.


Guía rápida para ir por casa clasificando bifaces.


martes, 20 de enero de 2009

La prehistoria en imágenes.

video

A punto de dar con la rueda.

Humorgasmus: 20 de enero de 2009, día de San Sebastián.


Hasta nunca.

miércoles, 14 de enero de 2009

Hal 9000: Reflexiones improbables de un cosmonauta ante un belén por desmontar.



The Fool On the Hill
Day after day alone on the hill, /The man with the foolish grin is keeping perfectly still,/ But nobody wants to know him, / They can see that he's just a fool, / And he never gives an answer, / But the fool on the hill / Sees the sun going down, / And the eyes in his head, / See the world spinning around.
(The Fool On the Hill, The Beatles)

(El tonto sobre la colina/Día tras día, solo en la colina,/El hombre de la sonrisa boba está muy quieto,/Pero nadie quiere saber de él,/Todos ven en él sólo un necio,/Y nunca responde,/Pero el tonto de la colina/Ve ponerse el Sol,/Y sus ojos/Ven al mundo girar…)

****

...y allí estaba yo, volviendo de un Congreso Interplanetoidal de Monolitos Sin Fronteras (intitulado: Bilitos, Trilitos y Muchilitos: ¿necesidad o manierismo fútil?), cuando empezó a asediarme el sueño mientras conducía mi minimonolito de carreras, tuneado esta vez como réplica del Halcón Milenario de Han Solo, el de la “Guerra de las Galaxias”, y, tras dar un par de cabezadas y de despertarme sobresaltado al rozar con el carenado la gravilla sideral del arcén de la autopista transgaláctica, decidí pararme un rato a descansar en el planeta Arreit, que había visitado ya, como sin duda recordáis, hace unos cuantos colgajos y en el que las cosas siempre parecen estar al revés que en la Tierra.

Como la fortuna casi siempre me acompaña, menos cuando no lo hace, tuve la suerte de ir a estamparme con algún estrépito, pero sin mucho estropicio, después de rebotar varias veces en un mar contaminadísimo -como una piedra plana tirada por un zagal a una charca apestosa-, cerca de un antiguo caravasar, que empleaban los camelleros de la Ruta de la Seda cuando atravesaban el país llamado Anitselap, y al ladito mismo de un famélico rebaño de ovejas, a cuyo mando estaba un asombrado pastor, de los de cayado en ristre, zurrón mugriento y perro pulgoso por comparsa, que me miraba asombrado, con unos ojos tremendos, a través de los cristales de la cabina de mando, dando con los nudillos en ellos y preguntándome a grandes gritos:

-¡Oiga…, oiga, ¿es usted la Estrella de Néleb, o qué?!

-No, ¡soy la madre que parió a todos los pastorcillos del Portal de Néleb, no te jode! –respondí yo bastante malhumorado, mientras me soltaba el cinturón de seguridad, limpiaba el salpicadero del último café que intentaba tomarme antes del “baile” del arreitizaje, y ponía en stand by todos los circuitos y sistemas del Halcón Milenario, que -¡estaba tan bien reproducido el puñetero!- funcionaban de pena, vamos como si tuvieran libre albedrío los muy hijos de Satanás…

En esto, con las prisas, conecté sin querer el radiocasete de la nave y tras atascarse la cinta donde un grupo catalán, que respondían al nombre de “Los Sirex”, cantaba aquello tan sencillamente profundo de:

-♫♫♫♫ “si yo tuviera una escobaaaa, si yo tuviera una escobaaaa, si yo tuviera una escobaaaa, cuantas cosas barreríaaaaaaaaa” ♫♫♫♫,

saltó, sin solución de continuidad, un noticiero local que decía:

-“Tropas especiales del ejército de Anitselap han realizado una acción quirúrgica de precisión y preventiva sobre la población terrorista Ílearsi de Azag, con el resultado de 1000 bajas entre las milicias terroristas y los civiles empotrados en ellas a modo de escudos humanos y 5 entre los miembros de nuestras gloriosas fuerzas armadas, entre los que hay que contar tres de ellas por “fuego amigo”, al ser muy difícil discriminar –continuaba el locutor de engolada voz- los objetivos militares ya conquistados de aquellos todavía en poder de los cobardes enemigos, sicarios del terrorismo ciego y asesino Oiduj”.

La verdad, me quedé algo perplejo, porque la vez anterior que estuve en el planeta Arreit –cuando, si os acordáis, había unos Juegos Olímpicos en Nikep y un replicante de Frank Sinatra que no se enteraba de nada…-, la situación era justo la contraria: los de Learsi les daban cera cañonera y bombardera a los de Anitselap en la franja de Azag, mientras la diplomacia internacional se lavaba las manos desgañitándose en las habituales declaraciones, tan supuestamente bienintencionadas como inútiles.

Dispuesto a enterarme de la situación actual, bajé la rampa lateral del Halcón Milenario y me dirigí hacia el vociferante pastor que, entre saltos de alegría y proclamaciones religioso/folklóricas, me esperaba al frente de su piojoso rebaño de sacos de huesos con piel de oveja:

-¡Loado sea el altísimo, yo, un humilde pastor, no soy digno de esta revelación de los cielos…, sólo soy un pobre e ínfimo morador de estas polvorientas tierras que los siglos han martirizado y bendecido como santas desde el amanecer de los tiempos…! –decía el pobre mentecato mirándome, como si yo fuera una aparición que viniera a revelar un dogma de fe para que las futuras generaciones de débiles mentales como él se mortificaran a gusto privándose de comer o beber algo, o no haciendo cualquier cosa que les gustara mucho, que es la forma en la que los dioses con vocación monoteísta hacen las cosas –a través de su clero- para fomentar la fe de sus creyentes, distinguiéndolos del resto de los mortales a través de esas pequeñas puñeterías exclusivas.

-Esto…, buen hombre, ¿haría el favor de callarse y dejar de decir estupideces? –dije intentando no reírme demasiado- ¿cómo se llama usted y… por qué sus ovejas están tan flacas?

-“…Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno...”, flacas y todo sirven a un fin, el Génesis lo dice bien claro -adujo muy serio-, y mi nombre es Dabid Abrajam Rabý Zimmerman, servidor de Ávohej y de usted, si me lo permite… -dijo con voz entrecortada y un punto servil- “Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Learsi, y yo los bendeciré”-recitó-, …así dijo Ávohej a Moisés que dijera a Aarón y a sus hijos…

-Bien, bien, ¿me permite que le llame sólo David?

-Como quiera…, “porque Ávohej es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos…”

-¿Podría informarme -sin citar la Ailbib, por el amor de Dios-, David, qué es lo que ha pasado para que sean ahora los de Anitselap los que los tengan confinados en Azag a los de Learsi, devolviéndoles lo que de ellos recibieron hace un tiempo?

-Claro…, si es por el amor de Dios…, usted no es de aquí… –dijo el muy necio como si intentara justificarme ante todo- o, en todo caso, me habla en parábola para que yo, miserable mortal, entienda sus sutiles enseñanzas…

-¡Que no, caramba, que lo digo en serio, ¿qué puñetas ha pasado para que las cosas hayan cambiado de forma tan radical?! –dije perdiendo la poca paciencia que me quedaba.

-Bueno…, no se ponga así…, según nos enseñó el Rabino Moisés Judá Cleofás Claydermann, cuando yo era niño, –dijo poniendo cara como de ensoñación- llegamos a estas tierras hace mucho tiempo…, es improbable que los primeros, pero mucho tiempo en todo caso. Está escrito en Hebreos, 11, 8: “… por la fe habitó Abraham como extranjero en la Tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob…”. Luego fuimos deportados varias veces y volvimos teniéndonoslas tiesas –que es un modo de decir como a mamporros- con los habitantes de la Tierra Prometida…

-¿La Tierra Prometida…?

-Sí, esta tierra, …”entonces”! –clamó el pastor, como un poseso- “les respondió Moisés: si lo hacéis así, si os disponéis para ir delante de Ávohej a la guerra, y todos vosotros pasáis armados el Jordán delante de Ávohej, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí, y sea el país sojuzgado delante de Ávohej; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Ávohej, y para con Learsi; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Ávohej…”, está escrito en Números 32, 20-22 –sentenció el muy cretino, como si lo que había dicho no fuera un conjunto de barbaridades tendenciosas y pergeñadas por un listillo para justificar una invasión armada.

-Ya, ya veo…, ¿y lo escribieron además, eh?, ¡vaya valor el de esos “plumillas”!

-¿Plumillas…?, en fin, al final todo salió bien, fuimos, volvimos, nos largamos otra vez y regresamos, vivimos un tiempo entre enemigos gracias a que la nación más poderosa del planeta nos apoyaba totalmente, pero, entonces, en vez de hacernos querer por nuestros vecinos, nuestra justa y necesaria política bélica hizo que cada vez más gente recelara de nosotros.

-Bueno, eso es lo habitual entre los territoriales homininos ¿no?

-¿Homi… qué?

-No, nada…

-Pues eso, que esa situación, que es la que usted conoció, duró un tiempo, pero poco.

-¿Qué pasó?

-Mire, se lo voy a contar con una parábola, que yo sé que a las apariciones de su clase les gustan mucho… -me dijo poniendo ojillos traviesos y un poco como de “iluminado”.

-¿Sí…?

-Imagínese que está pintando la fachada de su casa subido a una escalera con un cubo y una brocha y, entonces, la escalera se descompone y desaparece como por arte de magia…

-Bueno siempre queda llamar a un vecino y pedirle ayuda –dije yo sin pensarlo mucho.

-Sí –respondió él como un cohete- y si el vecino te dice: ¡hala, majete, agárrate a la brocha y medita mientras tanto lo que me hiciste cuando el que no tenía escalera era yo!

-¡Pues a fastidiarse!: equitativo, aunque nada inteligente…, más antes que después hay que olvidar los agravios y convivir, vamos, a poco que unos y otros estimen su supervivencia… –contesté raudo como una centella.

-Pues eso…, pero no…, eso aquí no ha funcionado nunca.

-Vamos, que el país más poderoso del planeta o dejó de serlo o les dejó a ustedes a los pies de los caballos del enemigo.

-Las dos cosas; y en eso estamos…

-Ya. ¿Y ahora…?

-Toca deportación.

-Un poco estúpido, ¿no?

-Sí, pero ¡qué quiere!, las cosas son así y, por otro lado, estamos bastante acostumbrados…, ya cambiaran las tornas. Además la Arqueología demuestra…

-¡David, ¿ve usted esta nave espacial que tengo a mis espaldas y que se llama el Halcón Milenario…? –le corté al punto, acercándome a él, señalando su nariz con mi dedo índice y mirándolo fijamente a los ojos-, pues si vuelve a intentar utilizar la Arqueología para justificar nada, se la hago tragar enterita, hasta el último tornillo…!

-¡Vale, vale…, comprendido!

- …Esto es –continué ya más calmado-, que cuando no hace las cosas mal uno, las hace mal otro y no hay quien viva en paz, que la tierra vuelve a ser “prometida” para ustedes y que el camino es más importante que llegar a la misma…

-Exacto y kavafiano: “Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. / Sin ella, jamás habrías partido; /mas no tiene otra cosa que ofrecerte”.

-¿Kava… qué?

-No, nada..., cosas de pastores analfabetos…

-¡Pero usted sabe leer…, menudas citas!

-Jamás aprendí a leer –dijo muy serio.

-¿Entonces…? –argüí perplejo.

-Nunca menosprecie usted a los analfabetos, fuimos nosotros -y no otros- los que inventamos la escritura…, yo las cosas importantes me las aprendo de memoria -me espetó el muy cenutrio dándose aires de importancia.

-Pues me parece –le atajé ya harto- que pierde usted el tiempo aprendiéndose unos textos tan belicosos…, que unas cosas llevan a las otras y los polvos y los lodos, las causas y las concausas, los agravios y los desagravios, acaban no dejándoles vivir en paz nunca, ni a ustedes ni a los demás. Además ¿sabe lo que le digo?: ¡que entre bomberosemitas, que son todos ustedes, no deberían pisarse la manguera, caramba!, y que mejor harían ustedes y sus enemigos buscándose dioses más pacíficos e inteligentes, en vez de hacer el tonto sanguinario a través de toda la Historia del planeta Arreit. En muchos lugares menos evolucionados que este, ya saben hace tiempo que las guerras las pierden todos los bandos en litigio, que nunca hay un ganador y que estar contra la guerra no es sólo una postura ética o estética, sino la única opción lógica y cabal –le dije, mientras él habría mucho los ojos, como si lo que le estaba diciendo fuera totalmente incomprensible.

Y como aquel pastorcillo de las narices empezaba a ponerse un poco pesado y a mí se me había contagiado, me largué al caravasar a cenar y a dormir un poco. Justo cuando empezaba a caminar hacia el edificio de adobes de la posada, al maldito radiocasete de la nave le dio por funcionar otra vez sin previo aviso y, a través del casco del Halcón Milenario, pudo oírse claramente que los Sírex volvían a lanzar otro de sus mensajes alegóricos con buena voz, música de su época y sintaxis discutible:

-♫♫♫♫ Que se mueran los feos, que se mueran los feos, que no quede ninguno, ninguno, ninguno, ninguno de feos…♫♫♫♫

Tuve suerte, porque había en el menú cordero lechal con arroz y dátiles al que, con una finta prodigiosa, logré que no le capuzaran encima medio litro de yogur. Menos afortunado fui con un combinado imbebible que me “recetaron” y con el que un barman, ataviado a la antigua usanza del país, intentaba contentar a los camelleros de todas las nacionalidades que por allí pasaban. Tenía, el bebedizo en cuestión, el rimbombante y estúpido nombre de “Diplomatic Dreams of Middle East” y me provocó un ardor de estómago espantoso que aproveché para añadirlo a mi entusiasmo por la misión que, ahora, además de grande, es también ardoroso.

Fdo.: HAL9000


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DIPLOMATIC DREAMS OF MIDDLE EAST (también llamado cóctel para necios, suicidas y miembros de la ONU): confeccionar este brebaje es muy fácil, aunque, a la vista del resultado, totalmente innecesario por ser a todas luces perjudicial. Las cantidades de los componentes deben ser equitativas y diplomáticamente iguales: una parte de agua del Jordán, por los musulmanes que no beben alcohol y por los judíos que se bautizan en ella; otra de güisqui escocés, por los ingleses que montaron el follón medioriental trazando las fronteras con regla, cartabón y sin pizca de sentido común; otra de bourbon americano, por todo lo que se “les debe” a los estadounidenses; otra de Pernod, por los franceses que siempre estuvieron “a la que saltara”; otra de cerveza alemana, porque también acudieron cuando menos falta hacía; otra de vodka ruso, por haber echado romericos al fuego siempre que pudieron; otra de sake japonés, por haber pasado olímpicamente del asunto; otra de licol de aloz chino, porque los chinos no hicieron nada, pero son muchos y, por lo tanto, constituyen un gran mercado; otra de mermelada de dátiles de la península arábiga, rociada con un chorrito de petróleo, por todas las “democráticas” monarquías amigas de Occidente que en Arabia florecen; otra de azúcar, por las buenas intenciones de la ONU que enlosan el camino hacia el infierno; otra de agüita de azahar por las finas, delicadas e inservibles recomendaciones de la UE; otra de tabasco, para que pique que rabie; otra de angostura, para acostumbrarnos a las amarguras…, no hay que obsesionarse, los componentes pueden ser muchos más, de hecho cada diplomático del mundo, como se aburren tanto los pobres ahora que tienen tan poco que hacer, porque todo el mundo les puentea, tiene su receta, a cada cual más descabellada. Así que ¡ánimo!, podéis añadir lo que creáis necesario…; luego se revuelve todo con la punta de un fusil de asalto, se sirve en raciones diplomáticamente iguales y, si se bebe, se demuestra al mundo que se tienen muchos más redaños que cerebro, forma de ser imprescindible, por otra parte, para iniciar cualquier guerra preventiva. ¡Salud!

(Nota precautoria de Hal ante el primer cóctel irremediablemente tóxico que propone: ¡niños, no intentéis hacer esto en vuestras casas!)

lunes, 12 de enero de 2009

Entrevista a Jesús Liz.

Jesús Liz, catedrático de Arqueología de la Universidad de Salamanca (a la izquierda), y Homorgasmus (a la derecha).

En esta ocasión nos hemos desplazado hasta Salamanca para en3vistar a Jesús Liz, profesor de Arqueología en esa universidad. Quedamos en vernos en el bar “El Corrillo”. No es que esperara yo encontrarme al holotipo de arqueoloco, esto es, un tío guaperas, cachas pero sin exagerar, y tal y tal, pero vamos… ¿nada?, absolutamente nada que ver con el espécimen patrón…. He de reconocer que me quedé todavía más frío de lo que ya estaba en aquella invernal mañana castellana. Quizás él percibiese mi decepción y por eso, tras el saludo, de inmediato se manifestó lector confeso de nuestro blog. En fin, tras pedirnos un par de slings empezamos.

Homorgasmus- Estimado doctor Liz, si le parece dos cosas para ir rompiendo el hielo. La primera es evidente ¿cómo llegó a caer tan bajo?, para leer este blog, me refiero… y la segunda, en fin, no lo puedo evitar… yo creía que para ser arqueoloco había que tener otro físico, al menos dar un mínimo, como ocurre para ser bombero, policía montada del Canadá…, presidente de un gobierno o portero de discoteca; vamos que no me lo imagino pasando por un puente colgante sin tablas (bueno sí, me lo imagino pero espachurrado en el fondo del precipicio), ni… posando para un calendario con fines benéficos…, y todo esto dicho desde el cariño, por supuesto.

Jesús Liz- Bueno, respecto a lo primero, la verdad es que fue casual, andaba buscando ilustraciones en Google, para una presentación de Power Point, cuando de rebote me apareció el Blog y me enganché enseguida. Además al ver la foto de tu perfil de Blogger, Jones, me resultó vagamente familiar. Por cierto, Homorgasmus Jones, tutéame, que para mí eres como de la familia, después de haberte leído en tanto colgajo y “papiro”. Sobre lo segundo, qué quieres que te diga, podría defenderme diciéndote que dejé de fumar hace 20 kilos, que la verdadera belleza está por dentro y memeces similares..., pero no te equivoques, debajo de esta apariencia tirando a fondona hay un verdadero atleta que se corrige ciento veinte exámenes de Arqueología en cuatro mañanas y que nada durante una hora sin parar en la piscina (sin tiburones, eso sí) mientras los jóvenes le adelantan a toda máquina, sin causar menoscabo alguno ni detrimento en mi amor propio. Y para eso hay que entrenar mucho, Jones, no te quepa duda, soy duro de pelar... Y con respecto al calendario benéfico, tampoco andas fino, me han ofrecido participar en varios..., digamos que me aprecia gente de extrema y especial sensibilidad y no burdos seres apegados a la inane y huera estética del musculito... las apariencias, a veces, engañan, querido Jones.

Homorgasmus- Eso..., a veces. Mira Jesús ahora que lo dices tu a mí también me resultas ligeramente familiar. Se me está ocurriendo una idea sensacional. Como sabrás, en este espacio bloguero habitan seres bastante curiosos y nos visitan gentes de todo pelaje y condición psiquiátrica. Buena gente en general, no me entiendas mal, pero lo tradicional es aportar una cierta dosis de locura divertida a las cosas…, no sé, una visión distinta, un enfoque más original. En fin, se me ocurre que, como no sé que gaitas preguntarte, ¿por qué no te haces la entrevista a ti mismo?, vamos… te preguntas y te respondes tú sólo.

Jesús Liz- ¿Yo sólo. No lo dirás en serio, Jones?

Homorgasmus- Tal cual, y tal y tal…, ¡como lo oyes! Si te veo perdido te reconduzco, tú tranquilo.

Jesús Liz- No sé, es que me pillas a contrapié. Eso es un poco esquizofrénico ¿no?

Homorgasmus- Hala, hala…, no me vengas con pamplinas que no tengo todo el día y luego además vendrá el Ciberguarrior con las rebajas. Un buen lector de Homorgasmus tiene que estar lo suficientemente majara y debería saber hacerlo sin problemas. Al fin y al cabo, sería un caso de esquizofrenia menor. ¿No hay nada sobre lo que te gustaría preguntarte? ¿Sobre el sexo de los ángeles, el fin último del Espíritu de Bolonia, la fórmula magistral y secreta de los créditos ECTS, la definición precisa del concepto Arqueología, las razones del humano bipedismo...?


Jesús Liz en un momento de la en3vista.

Jesús Liz- Venga, menos bromas, que estoy algo nervioso… Me voy a preguntar algo fácil:

P- Ahora están de moda las películas de Arqueología, los grandes héroes y heroínas vestidos de arqueólogos, ¡ah!, la estética del todoterreno, de los chalecos multifunción…, para ir con un pincel, que dice Jones. ¿Ha hecho mucho mal a la Arqueología el cine?

R-¿Hizo mucho mal a la Arqueología Agatha Christie?, su marido, Max Mallowan, era arqueólogo y ella ubicó algún que otro asesinato de los suyos en ambientes arqueológicos próximo orientales que conocía bien. No, no le hizo ningún mal, incluso la popularizó, lo que en principio no es malo, sino todo lo contrario. Con el bueno de Indiana Jones y sus secuelas pasa lo mismo. A mi sus películas me divierten, entre otras cosas porque tienen poco que ver con la Arqueología, de lo contrario, seguramente, serían un tostón insufrible. También populariza un cierto amor por los restos del pasado que influye en la imaginación de jóvenes que luego estudiarán Arqueología y, naturalmente, no emplearán la “metodología de campo” propuesta por Indy, o, al menos, eso espero.

P- ¿Qué insinúas con “metodología de campo de Indy”?

R- No, a nada en concreto, su forma de hacer las cosas, en todos los sentidos. Como te iba diciendo, esas películas popularizan la Arqueología, caricaturizando mucho, con errores de bulto y con una fantasía desbordante (eso está bien claro, por ejemplo, en la última de la serie con ese final tan delirante lleno de supuestos extraterrestres…). Eso, en principio, y como te decía antes, me parece bien, el cine es fantasía, no ciencia, no debemos confundirnos. También estamos ahora en manos de muchos médicos que descubrieron su vocación viendo en la televisión al Dr. Gannon y su tupé y no salimos corriendo de su consulta por muy repeinados que se nos presenten (aunque, verdaderamente, algunas veces deberíamos hacerlo… y no me quiero ni imaginar lo que serán las generaciones de médicos maleducados, post House…).

P- Luego…, opinas que debemos vestirnos como arqueólogos para “hacer profesión y afición”.

R- Pues, francamente, no. Es más, de lo que sí estoy en contra es de necesitar obligatoriamente esa estética u otra parecida en el mundo real. Opino, como Carvalho, el personaje de Manolo Vázquez Montalbán, que asumir que un arqueólogo ha de ir vestido de cierta forma (él lo decía a propósito de por qué no usaba “gabardina de detective”) es como pensar que las empleadas del hogar deben llevar siempre cofia, en definitiva, algo un poco estúpido. En general, creo que cuanto más intenta aparentar externamente alguien que es arqueólogo, menos seguro está, en su fuero interno, de que realmente lo es; vamos, una cuestión de inseguridad. Un salacot puede cubrir cabezas preclaras y también huecas. Se han dado casos en ambos sentidos. Yo siempre he pensado –como me enseñó bromeando hace mucho un profesor- que el mejor distintivo de un arqueólogo debiera ser una goma de borrar colgada del cuello, como prueba de humildad y símbolo de lo mucho que nos podemos equivocar y, de hecho, nos equivocamos. Naturalmente, hay excepciones a todas las reglas y, además, cada uno es libre de vestir como le parezca oportuno.

Homorgasmus- Podías haber puesto otro ejemplo, pero bueno, ya que ha salido quiero decir que en el único caso que conozco el salacot cubre una cabeza preclara… eh, que todavía tenemos que entrevistar al equipo de Atapuerca. Pero sigue, sigue.

R- Desde luego..., creo que te equivocas, ni se me pasó por la imaginación referirme a ningún miembro del equipo de Atapuerca, y, por otra parte, no tengo motivos para ello, sólo los conozco por sus publicaciones más generales. Si así hubiera sido, habría que entenderlo en el buen sentido, como tú muy bien apuntas. [Ahora..., que como entrevistes a los del equipo de Atapuerca igual que a mí, a lo mejor salen corriendo, y no por lo del salacot...]

Homorgasmus- Vale, vale..., continúa con tu autoentrevista, que nos van a dar las uvas.

P- Gracias, Jones, prosigo con mi autointerrogatorio: ¿Hay mucha diferencia en la Arqueología española desde que empezaste a trabajar hasta el momento presente?

R- Desde luego, muchísima. Y no sólo en la española. Las cosas han cambiado mucho y a mejor, no cabe duda. En primer lugar está la protección del patrimonio, tanto desde el punto de vista legal como desde el de las posibilidades estructurales de responder a las necesidades de prospección, excavación, consolidación, restauración y documentación en general. La situación es cambiante, según la Comunidad Autónoma de la que hablemos, fundamentalmente por el grado de desarrollo real de las diversas Leyes de Patrimonio existentes que tiene que ver con las posibilidades económicas de la comunidad y con la cantidad de patrimonio a proteger, además de con la voluntad política de hacerlo o con la concienciación de la importancia intrínseca de este patrimonio. Pero en cualquier caso la diferencia con lo que ocurría hace 30 años es notable y el cambio siempre ha sido a mejor, aunque, como pasa siempre, todo es perfectible.

P- Ya, la ley, la protección, las estructuras institucionales, los profesionales implicados…, pero y de la Arqueología como ciencia, ¿qué ha cambiado más?

R- Ah, sí, claro, pues…, es evidente que la cosa ha cambiado mucho también. El otro día leía en un Blog arqueológico bastante bueno que, a veces, al visitar alguna excavación, aún se veía salir entre las catas a Wheeler. Eso, ahora, es una excepción, hace 25 ó 30 años era lo habitual y, diré más: en el mejor de los casos, porque a veces el que salía no era Wheeler, sino un entusiasta equipo excavador del siglo XVIII o XIX que acababan de hacer un fantástico agujero, sin utilizar metodología alguna –ni buena ni mala-, para acabar sacando cuatro piezas y dos muros de opus caementicium, que eran los únicos que no se habían dejado avasallar por sus “herramientas de precisión”…

P- Ya, y eso ¿ya no ocurre ahora?

R- No, en España no, al menos en lo que tiene que ver con la Arqueología oficial y, si ocurre u ocurriera, siempre se podría denunciar y perseguir judicialmente; aunque siempre nos quedarán los expoliadores y los de los detectores.

Homorgasmus. [Y París…, ya veo.]

P-¿Son diferentes?, expoliadores y “detectoaficionados”, me refiero.

R- Bueno…, sí y no…, no me extenderé en este tema, pero digamos que hay “clases” en todo. Entiéndase que, en todo caso, hablo de gradación en el perjuicio que causan a los yacimientos, no estoy hablando de “buenos y malos”.

P- Sí claro, ¿y fuera de España, en la práctica habitual no delictiva, hay utilización de metodología obsoleta?

R- Sí, se dan casos.

P- Ya, ¡qué prudente, caramba! Cambiando de tema, ¿cómo ves tú la evolución de la Arqueología como disciplina?

R- Con optimismo, ¿cómo si no? Viendo lo que ha ocurrido en 50 años no se puede ser más que optimista ya que no sé si más, menos o igual, pero seguiremos evolucionando en cuanto a método de trabajo y eficacia en la documentación de los procesos irreversibles, como la excavación. Además, ahora ya no hace falta estar repitiendo continuamente –como pasaba antes- que la Arqueología es absolutamente necesaria para la reconstrucción de nuestro pasado, no sólo en los periodos pre y protohistóricos en el que constituye el único testimonio y su necesidad, por lo tanto, es incuestionable, sino también como información esencial, complementaria o capaz de matizar de forma importante procesos de periodos históricos, incluso de algunos muy cercanos a nuestro tiempo presente.

P- ¿Lo ves todo de color de rosa, no es así?

R- En absoluto, lo que pasa es que estoy hablando en general y no me quiero poner puntilloso aireando pequeñas miserias que, por otro lado, están presentes en toda clase de práctica profesional humana.

P- Ya, optimista ma non troppo, claro, bien, pero ¿dónde estará en el futuro la evolución de la Arqueología?

R- Eso es ya más difícil de contestar ¡Vaya preguntas que me haces!

Homorgasmus- Tú mismo, te las haces tú mismo, te recuerdo…

R- No sé, hay una parte, lo que podríamos llamar los gadgets arqueológicos, que vendrán por sí mismos y en los cuales la Arqueología no puede influir demasiado. Me refiero a las formas de practicar diversos análisis, técnicas de datación absoluta, los protocolos y métodos de procesar y medir los materiales, yacimientos y los paisajes antiguos, técnicas y aparataje para prospectar, en fin, elementos que las Ciencias Naturales irán poniendo en nuestras manos como subproducto de la investigación fundamental en física, química, desarrollos cibernéticos y tecnológicos etc. Sin duda, como viene ocurriendo continuamente, esto sucederá y dentro de otros 30 años, por ejemplo, tendremos más herramientas que harán progresar nuestras posibilidades de indagación. Luego están las preguntas que hacemos a esos materiales, estructuras, yacimientos y territorios con los que trabajamos. Eso sí que es responsabilidad de la Arqueología y, en el fondo, es lo más importante. De poco sirven las técnicas de análisis si las preguntas que hacemos a través de ellas no son adecuadas. El futuro de la Arqueología está, sobre todo, en las preguntas que no podemos hacer porque aún no conocemos ya que, como escribió hace tiempo E. Thompson, todavía ignoramos los conceptos que las podrían informar.

P- Sí, ¿eh?, ¡pues vaya!, ¿te habrás quedado tan a gusto…?

R- Sí.

P- Y del proceso universitario de convergencia europea, del llamado modelo Bolonia, ¿ni una palabra, eh?

R- Francamente, no tengo una opinión muy precisa, porque una cosa es el modelo, con el que se puede estar más o menos conforme, y otra cosa es la aplicación real del mismo. Mis mayores dudas a propósito del tema atañen al modo y manera de su implantación.

P- ¿A qué te refieres, podrías ser más explícito?

R- En fin, no sé si debo…, lo que quiero decir, en román paladino, es que no se pueden hacer cestos nuevos con mimbres viejos y a “coste cero”. Desde que empecé a trabajar, a principios de los años ochenta del siglo XX, he vivido tres cambios de planes de estudio en diversas universidades, y, desde luego, si algo he aprendido es que “cambio” no significa siempre y necesariamente “progreso”. A la primera reforma le siguió lo que fue llamado con cierta sorna “Contrarreforma”, para atenuar los errores más evidentes. El plan Bolonia supone, en algunas cuestiones de la carrera de Historia, la vuelta a posiciones de hace treinta años, lo cual no sé si es malo o bueno, pero pone de manifiesto que hemos actuado con cierta ligereza hace poco tiempo, o que lo estamos haciendo ahora. Ninguna de las dos posibilidades me gusta en exceso y, con respecto a la estructura general que se propone, estoy de acuerdo con algunas cosas y en desacuerdo con otras, como es normal, aunque valoro más lo positivo que lo negativo, siempre mirando las cosas con una cierta distancia temporal. Por otro lado, Bolonia intenta hacer uniforme la universidad europea, pero partimos de supuestos tan radicalmente distintos, de niveles tan heterogéneos, que resulta evidente que el destino a corto y medio plazo no puede ser una “Universidad europea uniforme”. Esa meta sería tan absolutamente increíble que constituiría un objetivo quizá frustrante y, por lo tanto, negativo para el proceso. Podríamos hablar de una cierta uniformidad burocrática, y de arreglar problemas de equiparación administrativa de estudios, eso sí es cierto, pero una cosa es la uniformidad burocrática y otra la real, esto es, la realmente importante, aquella basada en la equiparación de esfuerzo, medios y calidad: por esforzarnos nos pagan, pero los medios y la calidad son difíciles de conseguir a “coste cero”. La burocracia, en su justa medida, es necesaria para que las cosas funcionen, pero yo se la dejo a los burócratas, al igual que me gustaría que los burócratas no mediatizaran las cuestiones fundamentales que tiene que ver con la docencia y la investigación. La maquinaria burocrática, por su propia idiosincrasia y lógica interna, tiende siempre a intentar controlarlo todo con tal minuciosidad que, a veces y si no se atempera con la aplicación del sentido común, puede caer en lo enfermizo o en lo ridículo. A mí, esa vertiente del plan Bolonia, unas veces me incomoda y otras me produce hasta una cierta y sana hilaridad.

Homorgasmus- ¿Ves?, no ha sido tan difícil, ni ha dolido tanto. Pero bueno, ya que has hablado de práctica arqueoloquica, y antes de rematar la copa, no sé si preguntarte por el tiberio este que se ha montado en Iruña Veleia. Es un tema delicado. Tú mismo.

Jesús Liz- Sí, es delicado y no sé los detalles concretos. Realmente, las piezas las he conocido, por fotos en Internet, hace poco tiempo, pero no las he tenido en mis manos. De la noticia inicial de 2006 ya ni me acordaba. He leído declaraciones de unos y otros y, la verdad, no me he formado todavía una opinión concreta con respecto a lo que allí ha pasado..., en realidad, me refiero... De la absoluta extrañeza de las representaciones iconográficas y de los grafitos latinos –así, globalmente- no cabe la menor duda. De que algunos tienen que ser necesariamente muy modernos, tampoco. En los grafitos en euskera y en supuesto jeroglífico egipcio no entro, porque, en el primer caso, no entiendo nada de ello y, en el segundo, no sé lo suficiente; aunque los especialistas parecen no tener dudas con respecto a su total falta de lógica. En cualquier caso, hay una cosa bastante extraña y que llama mucho la atención, porque un contexto arqueológico cualquiera puede deparar ciertas rarezas, pero no “todas las rarezas posibles” y unos pocos materiales pueden presentar problemas de estudio, pero nunca son todos problemáticos y desde todos los puntos de vista en que los tomemos en consideración: lo que dicen, cómo lo dicen, los signos que utilizan, la iconografía que presentan, los anacronismos, su carácter extraordinario en cuanto a los cambios de paradigma que suscitarían..., en fin, todo. Eso es lo más inexplicable, más allá de los casos concretos que se citan en la prensa, que son también muy llamativos.

Homorgasmus- A cuento de esto, me vino el otro día a la cabeza una cosa que pasó hace mucho tiempo en un yacimiento que había en un cerro (de las bambalinas o algo así, creo que se llamaba) de una sierra de no sé que virgen. Quizás la conozcas. Un buen día un arqueoloco salió dando botes campo a través como alma que lleva el diablo en dirección al teléfono más próximo (que debía estar pallá, pero pallá pallá) porque había encontrado una minucia de cacho cerámico. Carezco de datos sobre la relevancia del hallazgo pero era tremendo, casi como si la alfarería fuera anterior a la aparición del género humano, imagínate. La gente del lugar dice que sus compañeros, tras una larga persecución, lo placaron en pleno monte, entre matojos y yesos, antes de que eso trascendiera porque… ¡era una broma! Hay gente con mucho humor…

Jesús Liz- Sí, algo recuerdo (el cerro se llamaba Banzai, Bamboleo, Bamba, o algo parecido) creo que en el trozo de cerámica, -que era de un botijo roto días antes que, al parecer, hacía un agua muy fresca, según me dijeron- había escrito, en más o menos perfecto silabario ibérico, un texto que decía, en lengua latina, algo similar a: “aquí bebía Julio César”. Claro, era una broma, pero la persecución no fue tan dramática y el Jerdocktor –como tú dirías- al mando de turno le puso al joven excavador cuatro turnos de cocina seguidos para que fuera aprendiendo... a cocinar a fuego lento.
¿Es posible que lo de Iruña Veleia sea algo así?, me preguntas con tu habitual mano izquierda y fina ironía. No creo, hay que ser un bromista con muy poca gracia y muy contumaz, porque hay muchas piezas. Una falsificación para engañar también me cuesta creerlo, otra vez es una cuestión cuantitativa: los falsarios pueden cometer errores –de hecho, en epigrafía latina, por ejemplo, se les detecta casi siempre así, por los gazapos-, pero no tantos errores..., habría que ser más torpe que falsario ¡y ya es decir, caramba! No sé, ya te he dicho que es muy raro, no desde el punto de vista de la cronología de algunas representaciones y textos -en mi humilde y, como ya te he dicho, poco meditada opinión-, sino desde el de los móviles, circunstancias y proceso de documentación arqueológica; porque engañar a alguien es factible, pero a todo un equipo no es tan fácil. Me cuesta creer que nadie en su sano juicio pretendiera engañar con esto... En fin, las lecturas pueden ser muchas, algunas de ellas bastante delirantes si nos dejamos llevar un poco por la imaginación, así que lo mejor creo que es esperar, porque el caso podría ser mucho más complejo de lo que aparenta, al menos, lo repito de nuevo, visto desde fuera. Antes o después sabremos lo que pasó, si alguien pretendió engañar, quien se engañó y por qué, cómo llegaron esas piezas al yacimiento o cómo aparecieron “de improviso”.

Homorgasmus- Bueno Jesús, hasta pronto y gracias por tus contestaciones a todas tus preguntas y a algunas de las mías.

Jesús Liz- De nada. ¿Conoces un buen psiquiatra que me puedas recomendar?

Homorgasmus- Varios.

Jesús Liz- Ya..., no sé por qué, pero me lo temía.


Homorgasmus- ¿hum…?

miércoles, 7 de enero de 2009

Tiraban, pero poco.


Si en lugar de pasarte los ratos ahí dormitando en el sofá te hubieras decidido hace años a practicar un deporte –ahora ya casi mejor te olvidas-, como por ejemplo lanzamiento de jabalina, o balonmano, o béisbol –pitcher sobre todo-, seguramente habrías optado por usar el brazo derecho. A no ser que seas zurdo o zurda hace ya tiempo que te habrás percatado de que la mano y el brazo izquierdo –que van en el mismo lote- los usas lo justito…, para sacarte los mocos y poco más. La dominancia de la extremidad superior derecha no es algo reciente, y de ello dan fe unos cuantos tipos de evidencias: estudios de la lateralización cerebral; marcas de estrías en los dientes anteriores; la asimetría bilateral y las medidas de robustez de los brazos; las secuencias de reducción de los núcleos líticos; la localización de la zona de desgaste en determinados artefactos –sobre todo en raspadores-; la prevalencia de heridas registradas en el lado izquierdo -el más vulnerable cuando eres atacado por un prójimo que también es diestro-; en fin, que está apoyada, vamos.


Si hubieras hecho un deporte así hoy no sólo no tendrías mejor salud y más buena pinta, sino que además seguramente el ángulo de retroversión humeral de tu brazo derecho sería mayor de lo que lo es en la actualidad. La torsión humeral (o su complementaria, la retroversión) es la posición de la superficie articular humeral proximal en relación con la superficie articular distal. En su tiempo se consideró que era un rasgo estático, filogenético, que difería ligeramente entre sexos, lados y poblaciones, y de ahí que el bajo grado de torsión humeral de los neandertales (o el elevado de su complementario, el de retroversión) se vió como un rasgo taxonómico que los distinguía de los humanos modernos. Según esto quizás te preguntes ¿quiere ello decir, Dr. Jones, que los neandertales jugaban al balonmano, o al béisbol, o… algo mucho más prosaico…, que tiraban proyectiles lejos, lejos, lejos? La respuesta es que a estas alturas del blog ya deberías de saber que hay numerosos hechos –el propio gobierno de Israel, pestes, inspecciones sorpresa, la necesidad de diseñar masters contrarreloj- que ponen de manifiesto lo retorcido y maligno que es Satán. El grado de torsión humeral dentro y entre poblaciones es en realidad bastante variable, lo que sugiere que no sólo puede estar condicionado por demandas funcionales específicas, sino también por componentes genéticos, como por ejemplo la variación en la forma de la caja torácica, de manera que la mera comparación directa de los valores de torsión entre grupos (neandertales y humanos modernos, por ejemplo) no cabe esperar que nos permita hacer inferencias sobre si unos eran lanzadores habituales de proyectiles de larga distancia y otros no.


En un estudio realizado por Joel Murachovsky (et al. 2007: Evaluation of humeral head retroversion in handball players, publicado en la revista Acta Ortopédica Brasileira) se concluía que lo que había era una significativa diferencia cuando lo que se comparaba era la retroversión del húmero del brazo dominante respecto del no dominante, y eso es lo que han planteado y estudiado J.A Rhodes y S.E. Churchill en un artículo publicado el pasado mes en JHE (Throwing in the Middle and Upper Paleolitihic: inferences from an analysis of humeral retroversion) del que se hizo eco la red diciendo que los neandertales podrían haberse extinguido al ser “bombardeados con proyectiles aéreos”. Nuestro telepito dio cuenta del mismo trabajo con el escueto “los neandertales tiraban, pero poco”. Basándose en resultados de estudios realizados con atletas y en las evidencias arqueológicas que sugieren que los proyectiles de “largo alcance” surgieron en África a partir de la Middle Stone Age y llegaron a Europa en las manos de los humanos modernos, o que se desarrollaron aquí al inicio del Paleolítico Superior, esperaban constatar que 1) los hombres del paleolítico superior exhibirían ángulos de retroversión humeral en el brazo dominante (derecho) más similares a los valores observados en grupos de humanos modernos que utilizan técnicas de caza basadas en proyectiles, o en atletas lanzadores, que a los observados en grupos de no lanzadores y 2) que los hombres del paleolítico superior exhibirían niveles más grandes de asimetría bilateral en la retroversión humeral que los neandertales y similares a aquellos observados en grupos humanos recientes de lanzadores.
El resultado es que el modelo de variación en la torsión humeral entre sexos y entre brazos sugiere que el bajo ángulo de torsión entre los neandertales no es una función que tenga que ver con prácticas de lanzamiento. La retroversión humeral es reducida en los machos neandertales en relación con las hembras y en el brazo izquierdo en relación con el derecho (supuestamente el dominante), lo cual es inconsistente con las asunciones básicas relacionadas con una subsistencia basada en la utilización de proyectiles de largo alcance y la plasticidad del húmero, a saber: que el brazo dominante (el de lanzamiento) se espera que tenga un mayor grado de retroversión y que los machos tengan más retroversión que las hembras.
Su estudio apunta a que 1) los neandertales no eran usuarios habituales de armas que pudieran lanzarse a grandes distancias; 2) que la asimetría bilateral observada en la retroversión humeral sugiere un uso variable de este tipo de armas en el Paleolítico Superior medio –con una gran variación interindividual- quizás relacionado con diferencias regionales en las prácticas de caza o con la importancia de los proyectiles y 3) que los niveles de asimetría observados entre los hombres del final del Paleolítico Superior son consistentes con el uso regular de la tecnología de proyectiles. Así que insistimos, al menos por ahora, que los neandertales tiraban, pero poco.