
martes, 21 de abril de 2009
Última hora: parto con dolor.

lunes, 20 de abril de 2009
Chicle (I).
Pero la noticia no tenía nada que ver ni con lo cerda que es la humanidad actual ni tampoco ponía en peligro el futuro del amigo Ben, porque era un chicle, sí, pero de hace 7000 años. ¿Un chicle? Pues hombre…, es que así se las ponían a Fernando VII. Como hace 7000 años el aeropuerto de Leipzig tenía muy poco tránsito se ha conservado hasta nosotros en forma de pseudo peloteta con dientecitos marcados y todo ¿Qué va a ser pues? Hoy así uno dura menos de lo que cuesta chupar un espárrago, pero no es nuestro problema si no es nuestro el zapato. Que se espabilen los arqueolocos del futuro. Además se sabe que era de sabor extrafuerte, no porque se le haya vuelto a dar uso, que después de 7000 años mira tú que ascos, sino porque analizado se ha comprobado que era alquitrán, o brea, de corteza de abedul. Vamos, que en comparación las pastillas Fisherman’s Friend son una chuminada.
Chicle pegoteado en asfalto y pintado por Ben Wilson.
Receta de la abuela para obtener alquitrán de corteza de abedul. Ingredientes: Corteza de abedul. Requerimientos: Sitio al aire; algo para hacer un agujero; madera o carbón para un buen fuego; algo para hacer el fuego; un bote de hojalata, por ejemplo; y una caja, también de hojalata, con tapa. Proceder: Una vez en un sitio al aire libre se hace un agujero en el que se que introducirá el bote. A continuación se perfora la caja por su base, en su punto más hondo (con un agujero majete en el centro será suficiente). Se introduce en ésta la corteza -mejor “de pie” para que el aceite fluya sin problemas hacia el fondo- y se cierra la caja con su tapa. Habreís deducido ya que de lo que se trata es de que el aceite pase al bote que ya tenemos metido en el agujero que hemos hecho en el suelo, de manera que colocaremos la caja encima del bote. Se pone la madera y/o carbón encima y rodeando la caja y se le prende fuego. En un ambiente reductor –sin oxígeno dentro de la caja- la corteza de abedul no arderá, que es de lo que se trata, pero quedará completamente ennegrecida. El fuego lo mantenemos durante unas horas –dependerá de la cantidad de corteza que se ponga-. Tras esta primera fase tendremos un bote con el aceite generado por la combustión parcial de la corteza. Este aceite hay que reducirlo como si de una salsa se tratara, colocando el bote sobre o al lado de un fuego. En el proceso de reducción se generan gases que no son nada, pero nada buenos, y que por lo tanto es mejor no respirar. Además el aceite es muy inflamable. Para saber cuando la cosa está lista basta con echar una gotita del contenido del bote en agua. Si solidifica, ya está. Cuando lo des por hecho puedes verter el alquitrán, todavía líquido, en recipientes con formas a tu gusto y triunfar repartiéndolo entre los amigos. Sabe fatal cuando se mastica, y no se pueden hacer bombas, pero tiene propiedades antisépticas y la halitosis queda completamente enmascarada.
miércoles, 15 de abril de 2009
Familias neandertales.

Las investigadoras han tenido en cuenta el análisis de ADNmt de doce fósiles neandertales (realizados por distintos grupos de investigación desde 1997, entre ellos uno perteneciente al yacimiento del Sidrón -43.000 años de antigüedad-, otro de Vindija -Croacia, 38.000 años de antigüedad-, y varios más de Uzbekistán, Siberia, el Cáucaso, Alemania, Bélgica, Francia e Italia), sus características morfológicas y factores migratorios y de dispersión de los poblaciones neandertales de entre 100.000 y 30.000 años atrás. Según ellas, el tamaño de la población total de neandertales varió de forma importante a lo largo de los siglos, debido a ciertos movimientos migratorios entre los distintos subgrupos, y la variabilidad entre ellos, según habitaran en Europa occidental, del sur, o en Eurasia, se interpreta como “una consecuencia indirecta de las condiciones climáticas particulares sobre sus respectivos territorios a lo largo de todo el Pleistoceno Medio”.
miércoles, 8 de abril de 2009
Otra de caballos.
Fotografía de Paul Keates.
Hace una semanas volvieron a la carga con el tema en un artículo publicado en Science (A. Outram et al. The Earliest Horse Harnessing and Milking), y aunque en él se indica que “la existencia de pruebas arqueológicas sobre la domesticación del caballo en la cultura Botai no es concluyente”, se siguen aportando otras que siguen apuntando en la misma dirección, en la de la presencia de una proporción de caballos domesticados entre sus manadas. Estas pruebas son de dos tipos. Por una parte está la basada en las medidas de los metacarpianos de varios conjuntos de caballos, que van desde los que aparecen en el yacimiento del Pleistoceno final de Kuznetsk hasta los domésticos actuales de Mongolia. Esos análisis situan a los caballos de los Botai muy próximos a estos últimos y a los caballos también ya claramente domésticos del yacimiento de Kent, un sitio de por aquellos lares de la Edad del Bronce entre el 1300 y el 900 a.C. Por otra está cierta característica patológica que podría indicar que los caballos llevarían arneses y quizás fueron montados.

El bocado de un caballo se coloca sobre el diastema mandibular, y un contacto repetido con la parte superior de éste puede producir periostitis, deposición de nuevo hueso patológico, o destrucción de hueso. También puede entrar en contacto con la zona anterior del segundo premolar, generando un desgaste del esmalte que deja expuesta la dentina. Cierto es que tal alteración puede ser producida no sólo por el bocado, sino también por el tipo de alimentación, pero para discernir entre una y otra pueden tenerse en consideración el tamaño y la forma del área expuesta. En el estudio, de una muestra de 15 premolares y diastemas mandibulares, un premolar presentaba una alteración inequívoca producida por un bocado, siendo posible en otros dos, y cuatro diastemas presentaban nueva formación de hueso. Así que nada, hasta que se tenga a un candidato mejor..., adjudicado a los Botai.
martes, 31 de marzo de 2009
Otro Guinness en Atapuerca.

Su identificación se publica hoy en la revista científica 'Proceedings of National Academy of Sciences USA' (PNAS) y es el resultado de la aparición de estos fragmentos en las campañas arqueológicas de 2001, 2002 y 2004 en la Sierra burgalesa y que el año pasado el Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, dirigido por uno de los codirectores, Juan Luis Arsuaga, finalizó la recomposición.
Ana Gracia, Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez que pertenecen al Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, junto a otros colegas del equipo de Investigación de Atapuerca han excavado, recuperado y reconstruido, a partir de numerosos fragmentos, un cráneo que presenta esta alteración de más de 530.000 años procedente de la Sima de los Huesos, situado en la sierra burgalesa de Atapuerca.
El cráneo, identificado como 'Cráneo 14' perteneció a una niña o un niño que murió entre los cinco y los doce años de edad y presenta la fusión prematura de la sutura lambdoidea izquierda, por lo que el cráneo muestra un aspecto deformado y torsionado. En opinión de los autores, esta circunstancia se produjo porque el feto sufrió algún tipo de traumatismo en el útero, durante el tercer trimestre de gestación. En los humanos actuales y sus antepasados, los huesos no se sueldan de forma permanente hasta que el cerebro alcanza su tamaño definitivo. En los casos de esta anomalía lo que se produce es una fusión temprana de estas uniones, las suturas, sometiendo al cerebro a una presión anómala y haciéndole crecer, para compensarlo, en la dirección permitida. Este hecho puede producir retraso psicomotor en el desarrollo del individuo.
Otra de las conclusiones del hallazgo, según los autores, es que la supervivencia de este individuo hasta el final de la niñez constituye una evidencia de que estos homínidos no discriminaban a los bebés nacidos con patologías congénitas.
Esta prematura y anormal unión de los huesos del cráneo ocurre, en la mayoría de los casos, esporádicamente aunque se han descrito algunos casos por mutaciones genéticas.
Dentro de las sinostosis simples no sindrómicas (una sola sutura es la que resulta afectada), la sinostosis de la sutura sagital es la más frecuente, seguida por la coronal mientras que la sutura metópica y, sobre todo, la lambdoidea, son las menos frecuentes; este último caso es el que fue hallado por el grupo de investigadores de Atapuerca. El Centro Mixto UCM- ISCIII de Evolución y Comportamientos Humanos es fruto del convenio entre la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Salud Carlos III y en él se custodian los fósiles recuperados en la Sima de los Huesos, donde permanecen mientras se realizan los estudios sobre ellos, que se desarrollan en torno a diversas líneas técnicas y de investigación; área de Paleontología y Evolución Humana, área de ADN antiguo y área de Neurociencia. Además, se llevan a cambo aquellos trabajos de restauración y conservación del patrimonio fósil recuperado en la Sima de los Huesos durante las sucesivas campañas de excavación."
jueves, 26 de marzo de 2009
La guerra del arroz. (I)
Arroz.
Se entiende por domesticación los cambios físicos y fisiológicos, determinados genéticamente, que experimenta una planta en relación al pariente silvestre en respuesta a un comportamiento humano. Esos cambios constituyen lo que los botánicos denominan “síndrome de domesticación”. Por parte de la arqueobotánica los rasgos de ese síndrome más fáciles de estudiar en los restos arqueoloquicos son el tamaño de las semillas y, en los cultivos de cereales, la pérdida de la dispersión natural de la semillas. La cuestión es que una vez que las gentes empezaron a cultivar plantas ¿cuánto tiempo llevó domesticarlas? Ambas cosas no son lo mismo, y los beneficios obtenidos tampoco. Para entender esto quizás sea necesaria una breve explicación.
En el trigo, por ejemplo, las diferencias entre las espigas silvestres y domésticas se observan a nivel del tamaño de las mismas -más grandes las primeras-, de los granos -más grandes los segundos y más apretados-, y de la fortaleza del raquis. El raquis es el eje en el extremo del tallo al que están unidas las espiguillas que contienen las semillas. El punto de unión es el nudo. En las especies silvestres -que no pueden depender del hombre para prosperar al año siguiente- cuando la semilla madura la espiguilla se desprende del nudo, mientras que en la especie doméstica la separación se realiza mediante la trilla. De manera que cuando se cultivase trigo silvestre ese sistema de diseminación de las semillas –que en las domésticas se ha perdido porque el nudo y el raquis se han hecho más fuertes- supondría una dificultad para los recolectores. Me imagino y aún oigo incluso las increpaciones y juramentos, bien fuertes por cierto y en todas las lenguas entonces al uso, cuando al llegar a un campo de trigo silvestre todos los tallos se viesen desnudos y las largas y tensas aristas de las espiguillas –asomando en el suelo- indicaban de forma inequívoca que ahí estaba la maldita semilla, debajo, enterrada y dispuesta a germinar, o cuando éstas saltasen por los aires antes de que las metiesen en los cestos, al más mínimo toque de hoz o de mano. Creo que la diferencia queda clara.
Volviendo a la cuestión, pero sin dejar el trigo, en 1990 se consideraba que la domesticación había sido un proceso rápido. El arqueobotánico G. Hillman y el biólogo de plantas S. Davies utilizaron datos de cultivos experimentales y un modelo de simulación y concluyeron que la domesticación se habría producido en unos 200 años -y aun quizás en un período tan breve como el de 20 ó 30 -, asumiendo, como hacían los arqueolocos, que los primeros agricultores utilizaron hoces para recoger sus cosechas. Presumiblemente las hoces habrían operado selectivamente a favor de las espiguillas que permanecían en el tallo hasta la siega, porque aquellas que se desprendían antes se perderían y no se replantarían. El argumento de la utilización de la hoz, en sí, nunca me ha parecido de mucho fuste, la verdad.
Así pués, hace algo más de una década la mayoría de los arqueolocos consideraban que la llegada de la agricultura había supuesto una ruptura abrupta con relación al modo de vida cazador-recolector, y que las especies domesticadas habían aparecido muy poco después de que aquellas gentes empezaran a doblar el espinazo y a dejarse los riñones en los campos. Numerosos trabajos establecieron el momento y el lugar de aparición de las mismas, desde el trigo al maíz, pasando por el chile o los higos. Sin embargo quizás el trayecto entre recolectar plantas silvestres, cultivarlas y, finalmente, domesticarlas fue más largo, bastante más largo.
Continuará.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Un año más.





