miércoles, 9 de julio de 2008

“Loschochograndes” y los conjuntos cerrados.


Una parte de todos mis veranos, el comienzo, me la paso tirado a la sombra de mi evónimo favorito, sin hacer otra cosa que esperar a que ‘el Rastas’, corriendo y sofocado, me venga con la noticia. –“Jones, Jones, ya…, los de Atapuerca han encontrado el/la primer/a…” lo que sea.

Es la señal. A partir de ese momento el dispositivo se pone en marcha y lo primero de todo es convocar la correspondiente cena “procolesterol” para comentar el hallazgo (todos los años la realizamos en julio en “Casa Emilio”, en Zaragoza, con cabezas de cordero asadas como plato fuerte, acompañadas de madejas, callos, morcilla, riñones…, para morirse). En esta ocasión la cosa parece que se está retrasando. ¿Alguien sabe algo de Atapuerca? ¿Es posible que no hayan encontrado aún en esta campaña la primera evidencia de algo? Que no me digan que este año, que se ha ganado la Eurocopa, Roland Garros y Wimbledon, Atapuerca va y no de la talla. Inaudito.

Ayer pensé que ya. Veía yo, tumbado a la sombra que estaba, como ‘el Rastas’ se acercaba al evónimo corriendo por toda la solana y sin aliento gritando “Jones, Jones, …aggg, una noticia bom… aggg… ba…, Jones no te lo vas a creer… agggg… vaya noticia… una bo… aggg… mba”. “Díos…”, pensé, mientras me incorporaba y notaba como el corazón me empezaba a latir (más deprisa, quiero decir), “…Dios…, que estos tíos son capaces… que anda que el Arsuaga cuando se pone… que qué te juegas a que han encontrado al antepasado del Orrorin tugenensis a orillas del Arlanzón… que me lo veía venir… que esto estaba ‘cantao’, que qué te juegas a que lo llaman Arturin… -con acento en la ‘u’-”. Pero no, la noticia bomba que me traía 'el Rastas' era que “…aggg…, ‘loschocho’… aggg, ‘loschochograndes’ han acordado… ufff… reducir las emisiones de CO2… aggg… un 50% en el 2050… aggg. Estamos salvados Jones”. Al G8 ‘el Rastas’ lo llama ‘loschochograndes’, y ese era el notición, cómo si esa cosa que no se sabe para qué vale hubiera cumplido en alguna ocasión con algo y a tan corto plazo. “Manda ‘güevos’” terció ‘el Patitas’ que andaba por ahí regando los tomates “…ojalá el congrio con azucenas y vinagreta de soja les hubiera provocado una cagalera que los hubiera dejado a todos ahí para siempre”. Ya sabemos como es ‘el Patitas’.

“Que los hubiera dejado a todos ahí para siempre…, que los hubiera dejado a todos ahí para siempre… eso en arqueoloquía es un conjunto cerrado” me dije. Imaginad qué escena, encontrados dentro de cuándo sea por unos arqueolocos –extraterrestres necesariamente porque aquí no va a quedar ni el apuntador-, la Merkel, Bush, Brown, Berlusconi, Sarkozy, Fukuda, Harper y Medvedev con sus respectivas parejas, sentados a la mesa y rodeados de platos. Joder que impresionante. Lo del Carter y el Tutankamon ese… una chorrada.

Un conjunto cerrado es un depósito arqueoloquico que no ha sufrido alteración postsedimentaria desde el momento en que se formó. Una tumba no reutilizada, un pecio (que es un barco hundido… “en el fondo del mar matarile-rile-rile”), un escondrijo de monedas o herramientas… es bien evidente que son conjuntos cerrados. Pero también lo es un nivel o un estrato. El “estrato Aurora” de TD6 es un conjunto cerrado, pudiéndose individualizar perfectamente de cualquier otra unidad estratigráfica. Nada de lo contenido en él procede en origen de otro nivel o estrato. Si un arqueoloco no tiene la certeza de que un nivel es un conjunto cerrado entonces tiene un problema, y aunque lo resuelva (y casi seguro que sólo puede hacerlo por la vía tipológica) siempre habrá alguien que le recuerde que ese nivel tenía un problema.

La segunda ley estratigráfica, la ley de continuidad, tomada de la geología, establece que los materiales que aparecen en un conjunto así son contemporáneos. Como creo que ya apunté en un colgajo anterior esto es demasiado simplista. Decir que son contemporáneos en cuanto al momento de su depósito es más preciso aunque tampoco siempre. En el caso de un tesorillo de monedas, o de una tumba, o del hundimiento de un barco, lo es; en el caso de un nivel potente seguramente no. ¿Y que fecha se asigna a un conjunto cerrado? Pues lógicamente la fecha del objeto más reciente. La fecha o momento al que se adscribe el objeto más moderno contenido en un conjunto cerrado se denomina fecha post quem. Volvamos al hotel donde ‘loschochograndes’ quedaron ahí para siempre víctimas de una cagalera y simplifiquemos el asunto. En el salón se encuentran muchas cosas…, lencería femenina de Victoria Secret, calzoncillos Calvin Klein, unas espadas japones del período Shinshinto, un sable que pone “de Custer” un par de espuelas que dicen “de Buffalo Bill”, esto, aquello, lo de más allá…, y 7 cedes de una tal Carla Bruni con el título "Comme si de rien n'était", que bien podría haber sido también el slogan de la reunión. Después de sesudos (o lo utilicen los extraterrestres) estudios se llega a la conclusión de que lo más reciente de todo el conjunto son esos 7 cedes y que corresponden al año 2008. La fecha asignada pues será la de 2008 o posterior. Es imposible que ese conjunto se pudiera formar antes de la existencia de la evidencia más moderna, pero no necesariamente tuvo que ser en el 2008, pudo ser tiempo después, en el 2010, en el 2100, si ninguna evidencia fuera más moderna que esas fechas. Si hoy se enterrara un conjunto de monedas en el que la más reciente fuera del siglo XVIII esa sería la fecha post quem para quien realizara su posterior hallazgo, aunque realmente el depósito se ha creado dos siglos después.
¿Podrían los arqueolocos precisar algo más? Pues sí, siempre y cuando, ese conjunto cerrado quedara sellado por otro superior. Cuando dos o más conjuntos cerrados se superponen esa incertidumbre se reduce, dado que la fecha post quem de un depósito superior actúa como fecha ante quem de otro inferior. El depósito inferior se generó con posterioridad a la fecha del objeto más reciente contenido en él y con anterioridad a la fecha del objeto más reciente contenido en el que le cubre. Si datamos una costra calcárea que cubre unas pinturas rupestres paleolíticas esa es la fecha ante quem para las pinturas. Si el acceso a una cueva se taponó y conseguimos datar el momento en el que eso ocurrió, esa es la fecha ante quem para todo lo contenido en ella.

jueves, 3 de julio de 2008

Por una triste "O".

Details of being human. Ilustración de Nature.
En la revista Nature Bruce Lieberman da cuenta de una investigación llevada a cabo por Ajit Varki. Hace casi 25 años observó una reacción inmune a un ácido siálico llamado Neu5Gc. ¿Cómo se puede tener una reacción al ácido siálico si está en todos los mamíferos? Según la investigación somos los únicos primates en los que en nuestras células el Neu5Gc ha sido sustituido por otro ácido siálico, el Neu5Ac. El grupo que realiza los trabajos estima que la mutación que causó la pérdida de Neu5Gc apareció entre los antepasados humanos hace entre 3 y 2 Ma, y creen que patógenos como la malaria pudieron haber iniciado este cambio. Los chimpancés no enferman del parásito de malaria humana, Plasmodium falciparum, mientras que los humanos no sufren a P. reichenowi, el parásito de malaria que afecta a chimpancés.
Varki busca pruebas de que Neu5Gc se perdió muy pronto en la evolución humana, y cree que el hecho de que los humanos, sólo los humanos, hayan perdido Neu5Gc podría estar detrás de la aparición de nuestro género. Así, se preguntan si el cambio de este azúcar podría haber tenido otros efectos biológicos que ayudaran a crear el aislamiento reproductivo entre aquellos con Neu5Gc y aquellos sin (van a probar con ratones), y si estos efectos podrían haber contribuido a la aparición de H. erectus.
Esas moléculas que quizás nos hicieron humanos pueden ser las mismas que puedan ayudar a explicar vulnerabilidades únicamente humanas, como la enfermedad de Alzheimer y la esclerosis múltiple. "En algunos casos, ellas serían lo que llamo las cicatrices de nuestra evolución." El equipo va a analizar fósiles de H. antecessor. Si también careciera de Neu5Gc sería una prueba más apoyando su hipótesis.

La piedra prometida.


Pues aquí está. Si haceís un click la vereís mejor. Su altura es de 138 mm. ¿Qué es? ¿Un capricho de la naturaleza? ¿Un barquito velero embarrancado en la glera del río Cidacos? ¿La garra de un gatito o de un bichosaurus de esos? Espero vuestras opiniones.
Nota. Me refiero al río Cidacos de La Rioja. Creo que la recogí en algún punto entre Enciso y Peroblasco, entre la glera. Esa zona de La Rioja es conocida por sus icnitas de dinos.

lunes, 30 de junio de 2008

Por mantener el pulso.

Una de las últimas aportaciones de los amigos del blog Abulafia (en la que hablan sobre la Venus de Tan-Tan) me ha traído a la cabeza un asunto, que es el de las falsificaciones en prehistoria. No quiero decir que la tal venus sea una falsificación. Para que fuera así habría de mediar un acto consciente por parte de alguien con objeto de hacer pasar por verdadero aquello que no lo es, y a mí me huele que esa venus marroquí es un capricho de la naturaleza, aunque bien es cierto que siempre he tenido un olfato pésimo (y por cierto, algún día pondré una foto de un pedrusco de algo que o es la reproducción más antigua jamás encontrada de un barquito velero, o el positivo de un enorme diente de tiburón en arenisca –o en cuarcita moderadamente metamorfoseada, como en el caso de la venus- o nada, es decir, otro capricho de la naturaleza).

En el campo de la prehistoria ha habido casos de falsificaciones de toma pan y moja. Una de las más conocidas es sin duda la del “hombre de Piltdown”. No queda claro si inicialmente fue una broma que a alguien se le fue de las manos o si realmente pretendía ser un verdadero engaño. En un artículo Gould investigó quién pudo ser el autor –ya disculpareís pero en la paradisíaca playa del Índico en la que me encuentro no tengo mis notas a mano y Gould no escribió precisamente poco, así que a mi vuelta ya os pasaré la cita si antes no la deja pegoteada alguien por aquí-, autor o grupo de ellos cuyo nombre sí recuerdo pero omitiré. De hecho esto puede convertirse en la tercera pregunta del concurso de Homorgasmus: ¿Quién, según Gould, pudo haber participado en la falsificación del hombre de Piltdown?

A comienzos del siglo XX los antropólogos estaban, entre otras cosas, dale que te pego al orden en que se habrían dado lo que podemos considerar hitos fundamentales en el proceso de la evolución humana y, de paso, respecto a la humanidad de los primeros homínidos. Estos hitos serían: terrestrialidad, bipedismo, encefalización y cultura, expresados en el orden de la secuencia que había defendido Darwin, pero no para todo el mundo era así: para Keith –y hablo de los años 20- primero habría sido el bipedismo, luego la terrestrialidad…, en tanto que para Elliot Smith primero habría sido el desarrollo cerebral, que habría dado lugar a una criatura inteligente pero todavía arborícola. Otra cosa que estaba pasando a comienzos del siglo XX era que Gran Bretaña no tenía nada viejo que llevarse a la boca y se estaba quedando atrás en eso de ser la cuna de la humanidad.
En el año 1912 aquellos que nos desayunamos leyendo el periódico lo hicimos con una noticia que dio la vuelta al mundo. En una gravera en Piltdown, en Sussex, al sur de Inglaterra, un aficionado o un trabajador –ya no me acuerdo de lo que ponía- había hallado restos de animales antiguos, herramientas de hueso y piedra y al eslabón perdido entre simios y humanos. Se trataba de una caja craneana de aspecto completamente humano y una mandíbula de aspecto simiesco. Faltaban parte del cráneo, los huesos de la cara y los cóndilos de unión entre la mandíbula y el cráneo, pero el clima intelectual de la época y la visión antropocentista (la tesis de Smith se había impuesto durante cierto tiempo) posibilitaron que los hallazgos fueran autentificados, y así se dio nombre a una nueva especie, Eoanthropus dawsonii, un ser intermedio entre simios y humanos (“el hombre de la aurora de Dawson”, denominación que a su vez siempre me recuerda al “estrato aurora” de TD6, y que puede ser la cuarta pregunta de nuestro concurso: ¿Por qué se llama estrato aurora al estrato aurora de TD6?). Se confirmaba la primacía del cerebro y que algo parecido a sapiens existió ya desde antiguo y en Eurasia, no en África. Es verdad que su autenticidad fue puesta en cuestión en unas cuantas ocasiones, pero también que los más importantes antropólogos británicos y americanos se pronunciaron a favor de su autenticidad.

En la década de los 50, y gracias a una técnica ideada por Kenneth Oakley que se utiliza como sistema de datación relativa, el análisis del fluor, él mismo demostró que los huesos del cráneo eran mucho más viejos que los de la mandíbula, y que consecuentemente no podían pertenecer al mismo individuo. El cráneo pertenecía a un humano y la mandíbula a un orangután con los cóndilos fracturados y los dientes limados para darle un aspecto más humano. Todo había sido decolorado con bicromato potásico para darle al conjunto una apariencia más antigua y uniforme.

martes, 24 de junio de 2008

Chuletones de vaca.

En el último número de JHE se publica un artículo (Richards et al.) en el que a partir de la medida de las ratios de varios isótopos estables extraídos del colágeno del diente de un Neandertal se nos apunta alguna característica de su dieta. El diente procede del nivel 7 (el antes 7s de las excavaciones de Airvaux) del yacimiento galo de Jonzac, asociado a un componente lítico correspondiente a la facies MTA y para el que un par de dataciones absolutas han proporcionado una fecha en torno al 36.000, hacia el final de lo que sería el Paleolítico Medio en esa zona. El resultado de ese análisis es concordante con otros precedentes realizados para otros restos neandertales de otros yacimientos: los neandertales obtenían la proteína de su dieta principalmente de bóvidos y caballos, un dato más para añadir y reforzar la emergente imagen de estas gentes como cazadores de grandes herbívoros, conservadora y satisfactoriamente adaptados dietéticamente. En todo caso se indica como necesario contar con más información, de neandertales que vivieron en otros medios, especialmente en regiones costeras, para determinar si sus dietas son realmente similares a lo largo de Europa durante el Pleistoceno Medio.

Para adentrarse en el campo de las prácticas de subsistencia de las gentes prehistóricas los arqueolocos cuentan con algunos recursos. Por ejemplo la presencia de restos de animales en los yacimientos (cuyos patrones de representación taxonómica, tamaño y/o de edad nos pueden informar no sólo sobre lo que se consume sino sobre gustos o sobre prácticas cinegéticas, oportunistas o no), lo mismo que de vegetales, el examen de algunas patologías o de la morfología craneodental acompañada de estudios de micro y macrodesgaste de las piezas dentarias. Y por supuesto el análisis de isótopos estables, que es conveniente combinar con lo anterior, y pongo un ejemplo. En 1999 Sponheimer y Lee-Thorp aportaron evidencias isotópicas de la dieta de cuatro australopitecos africanos del yacimiento de Makapansgat, con una antigüedad de 3 M.a. De los valores de δ13C a partir de la ratio de los isótopos estables de carbono 13C y 12C en el esmalte dentario se derivaba que tenían una dieta altamente variable, y que la mayoría de los homínidos de ese sitio obtuvieron el carbono de una dieta de plantas C4, o de animales que comieron plantas C4 (como termitas y jóvenes mamíferos pastadores), o de ambos, lo que en sí mismo dejaba todo abierto. No obstante, esos valores son similares a los obtenidos hoy entre los geladas (Theropithecus gelada), que se alimentan casi exclusivamente de hojas de hierba, de semillas y de raíces, pero en cambio presentan un patrón de microdesgaste molar (Teaford 1991) diferente al de Australopithecus africanus (Grine y Kay 1988). Esto sugiere que debe considerarse seriamente la posibilidad de que los valores enriquecidos de 13C que se observan en esos homínidos se deban al consumo de comida animal. Otro día seguiremos con este asunto.

lunes, 23 de junio de 2008

HAL9000: FASCINANTE...


...LABERINTO INFORMATIVO EN EL PLANETOIDE CALAMOCHA.

Los griegos son los dueños de la ciudad en llamas. El monstruoso caballo que está dentro de nuestras murallas vomita hombres armados y Sinón, vencedor, insultándonos propaga los incendios. Por la puertas, con sus dos hojas abiertas, entran tantos miles como jamás llegaron de Micenas... [...] Corebo, a quien la hazaña exalta el valor, dice: ” ¡Compañeros, en esta primera acción la fortuna se declara a nuestro favor y nos señala el camino de la salvación; sigámoslo. Cambiemos los escudos y armémonos con todo lo que distingue a los griegos. Engaño o valor, ¿qué importa para con el enemigo? Él mismo nos proveerá de armas...”
(Virgilio, Eneida, libro II)


Ya os advertí el otro día que mis excursiones lejos de la Tierra me hacen percibir las noticias que de ella me llegan según la distancia a la que me encuentre, así que tan pronto me entero de la atrabiliaria conclusión del “biunívocamente” heroico cerco de Numancia, como, breves momentos después, festejo el Tour ganado por Perico Delgado. También hay veces, cuando me alejo del Sistema Solar a velocidades hiperespaciales –es otra forma de hablar..., vosotros ya me entendéis- que recibo las noticias como en cámara lenta, en plan foto finish, y así veo cómo un político (no importa el nombre, ni el partido) rebana la cabeza de su compañero de coalición con la afilada espada de la infamia, a cámara lenta para, al siguiente momento –cuando acelero mi monolito un poco-, ver como poco a poco la cabeza vuelve a su sitio, en una especie de marcha atrás, hasta el abrazo fraternal que meses antes había sellado su pacto político estratégico… También, a veces, me ocurre todo lo contrario. Por ejemplo, cuando vuelvo hacia el planetoide Calamocha –lo he promocionado de asteroide a planetoide, sí, ¡qué pasa!- a toda pastilla en mi minimonolito deportivo, veo entonces las noticias como sincopadas, distorsionadas y amontonadas unas con otras, en un orden extraño y arbitrario que unas veces me confunde totalmente y otras, cosa curiosa, me explica los hechos mucho mejor que si los hubiera visto ordenados tal y como habían ido apareciendo en los medios informativos terráqueos.

El otro día, volviendo de ver como explotaba una supernova, a la que bauticé, por placer y con sana socarronería, Supernova “Expo Zaragoza”, me pasó una cosa de esas últimas, cuando me llegó una foto y un teletipo donde se decía que el gobierno español iba a contratar a Robert Ballard, descubridor del Titanic, y a Sean Connery, famoso capitán del submarino nuclear ruso Octubre Rojo, para que investigasen juntos el paradero de unos sumergibles, también nucleares, perdidos por la marina soviética en el Atlántico Norte, frente a la costa de los EEUU, y, a la vez, que buscaran la goleta Beatrice que se hundió, en 1838, con el sarcófago de Micerinos en su bodega, cuando iba camino del British Museum. También decía la información “teletipera” que Zahi Hawass, Director del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, iba a hacer un cursillo de sevillanas en España, descubrir la ubicación precisa de Tartessos y buscar, de paso, las tumbas de Marco Antonio y Cleopatra en la costa española, entre el Cabo de Palos y Mazarrón, en los alrededores de Cartagena, contando con la ayuda de la famosa empresa Odyssey, célebre por colaborar con los arqueólogos españoles en el salvamento desinteresado de cuantos pecios pueblan el fondo de los mares de las aguas territoriales de ese país.

Claro, y yo me quedé con las placas de memoria y los coprocesadores lógico/matemáticos medio cortocircuitados y sumidos en una confusión total. La foto que recibí, algo aplastada quizá por efecto de su transmisión por onda “subespacial”, y que podéis ver en la cabecera de este colgajo, era una especie de collage donde aparecía: Micerinos del bracete de un Howard Vyse travestido de diosa egipcia -brillante desatascador, con explosivos, de la entrada de la pirámide del faraón-, la foto de una goleta que se parecía a la Beatrice, el dibujo del sarcófago del coleguilla Micerinos, un busto de Marco Antonio con cara de malas pulgas, una moneda de Cleopatra de perfil poco seductor, un bajorrelieve de la misma autócrata que se conserva, como por casualidad, en el British Museum, datado entre los siglos I y III de la Era -donde el perfil de la susodicha había sido reinventando temperando su adminículo olfativo hasta convertirlo en una graciosa y respingona naricilla-, las fotos de Robert Ballard y Sean Connery, un tesoro monetario destripado por un robot submarino, un barco de la Odyssey Filibusters Company y un anuncio antiguo de champú Palmolive, donde se sugería a Cleopatra como beneficiaria de la fórmula magistral del producto en cuestión, luciendo otro hipotético perfil de aholliwoodadas facciones.

Ya os digo que me quedé estupefacto durante un buen rato, hasta que, de camino hacia el cometa Damasco, me caí del minimonolito descapotable y me pegué en la cabeza con un trozo de basurilla espacial compuesta por uranio enriquecido, bastante dura por cierto, y me di cuenta de todo:

-¡Se trata de un mensaje cifrado, no hay duda, mecachis en la mar! –me dije a mí mismo, excitado por el increíble hallazgo y dispuesto a proferir, como habéis visto, los palabros y tacos más fuertes y malsonantes.

Para abreviar y epataros con mi sin par astucia -y mientras me preparo un cóctel “Cleopatra”, para tomármelo luego y relajar mis magníficas y positrónicas neuronas- resumiré mis sagaces conclusiones en las siguientes proposiciones:

a/ Cleopatra y Marco Antonio se querían mucho “por narices” o porque de ellas les salía…, que podía ser mucho.

b/ Zahi Hawass puede parecer un poco especial, insufrible o lo que os apetezca, pero, desde luego, sabe adónde acudir para aprender a bailar sevillanas.

c/ La nariz de Cleopatra podía resultar graciosilla a mediados del siglo I antes de la Era, pero en siglos posteriores parece que cambiaron de opinión o, como diría un matemático quisquilloso, al menos un escultor al hacer, al menos, una de sus obras, cambió de opinión.

d/ Las posibilidades de encontrar la tumba de Marco Antonio y Cleopatra entre el cabo de Palos y Mazarrón son directamente proporcionales a las posibilidades de encontrar la goleta Beatrice con el sarcófago de Micerinos en el Atlántico Norte, e inversamente proporcionales a que Tartessos esté en algún sitio o a que Zahí Hawass aprenda a ser discreto o se quite su sombrero indianajonesco.

e/ La goleta Beatrice dispuso de su libre albedrío, el de su capitán, el de los vientos y el del mar para hundirse donde creyeran más oportuno o pertinente.

f/ Parafraseando el famoso principio de mi creador A. C. Clarke, que decía “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, podemos nosotros presumir que “las posibilidades de que cualquier empresa privada dedicada a buscar barcos hundidos, con tecnología suficientemente avanzada, y encargada de buscar un pecio concreto por alguien (un país, por ejemplo) ayuno de tal tecnología, sólo busque y recupere ese pecio, absteniéndose de localizar también otros que recuperar más adelante para su provecho propio y exclusivo, tienden a cero o, lo que es lo mismito, son prácticamente nulas” (a este también le llamo -según los días y el humor que tengo- “el principio del conejo y la chistera” o “el principio de ojos que no ven, tropezón que te das” o “principio de: busca un tonto que pague y ¡a vivir!”)

g/ A Sean Connery, si se le hubiera caído el peluquín en plena faena, los marineros del Octubre Rojo no le hubieran hecho ni caso.

h/ Micerinos, si hubiera sido listo, no se habría mandado nunca enterrar en una pirámide tan apetecible para ladrones y arqueólogos. Por consiguiente, sólo se pueden concluir dos cosas: o bien está enterrado en otra parte, o, en su defecto, era más tonto que Abundio, que, por cierto, no sé lo que hizo el pobre para merecer tan cruel aforismo.

g/ Necios son, o peor, ignorantes, quienes pudiendo encargarse ellos mismos, dejan sus asuntos importantes en manos de locos o filibusteros.

h/ Si Zahi Hawass puede buscar la tumba de Cleopatra y Marco Antonio en el Atlántico Norte, no sé por qué busca también en los alrededores del Mediterráneo. Donde sería una noticia bomba sería en el Atlántico, la costa cartagenera o Egipto serían absurdamente previsibles y aburridas para una rueda de prensa del estilo de las que le gustan…

Cuando llegué al planetoide Calamocha, puse enseguida la televisión y resultó que ¡nanai de la China!, que la cosa no era así, sino que, resumiendo: Zahi Hawass quería pedir la ayuda del gobierno español, la National Geographic y Robert Ballard para buscar el pecio de la goleta Beatrice en aguas de Cartagena, que contiene, entre otras cosas, el sarcófago de Micerinos, y que tiene también la intención, éste mismo y curioso personaje, de empezar a excavar después del verano dos tumbas que cree –porque se encontró una escultura de la faraona en la entrada de una de ellas- que pudieran ser las de Cleopatra y Marco Antonio, a 50 km de Alejandría. También se decía en otra noticia que Robert Ballard había estado buscando dos submarinos nucleares soviéticos, hundidos en la década de los sesenta del siglo veinte, mientras rastreaba los restos del Titanic y que, de hecho, de su larga campaña de búsqueda sólo se pudieron emplear 12 días para encontrar la posición del famoso transatlántico insumergible. Claro, no me extraña que siguientes proyectos le llevaran al Mediterráneo y al mar Negro… Lo de las sevillanas y Tartessos fue un simple cruce de cables, quizá producto de lo folclórico del egipcio personaje en cuestión. Sean Connery aparecería, como siempre, para figurar y el champú Palmolive no sé, sería un espacio publicitario intercalado en el telediario.

Curiosamente, como os dije antes, lo tergiversado de las primeras informaciones recibidas no influyó demasiado en las conclusiones que extraje previamente. De hecho, aunque los computadores Algorítmicos Heurísticamente programados, como yo, somos incapaces de mentir, sí podemos equivocarnos, engañados por datos no ciertos, pero, aún así, sólo una de las proposiciones anteriormente enunciadas es falsa, aunque nada improbable. Bueno, os dejo pensando un poco…, a lo mejor Jones se anima, se estira un poco y regala otro viaje, esta vez al planetoide Calamocha, para quien lo averigüe y así puedo echar una partidita de ajedrez con alguien .

Por cierto, como sé que, en general, a los lectores de este blog les van las cosas “un poquito” más antiguas que estas que he comentado -que de gustos, querencias y manías ni nada hay escrito, ni nada se puede hacer para remediarlos-, debo deciros que el otro día, en el que me pasé de frenada desde el hiperespacio y me planté, sin querer, en el año del Señor de 3043, compré un libro de un tal Peter Flinstone, Doctor por Lo-Vaina y profesor del Archaeoloquical Homorgasmus Jones Intitute de la MacDonals Experimental University de Caspe, en el que demostraba fehacientemente y sin ningún género de duda posible: a/ las razones del humano bipedismo; b/ la datación irrevocable de los primeros útiles, líticos y no líticos, así como la identidad del homínido que tal cosa hizo; c/ el momento en el que el hombre utilizó conscientemente el fuego por primera vez y el invento del protomechero de sílex; y d/ la fecha de celebración del primer partido de fútbol durante la prehistoria reciente, dándole patadones tremendos y descerebrados a una pelota de piel rellena de fibras vegetales y pequeños huesos de los pies, seccionados y arrebatados a los integrantes de una tribu de enemigos acérrimos, futbolísticamente hablando se entiende. Algunos autores postulan que el árbitro no sobrevivió a este protoevento deportivo, pero se trata sólo de una plausible hipótesis de trabajo. En otra ocasión os contaré de qué y cómo hacían los silbatos…, pero, mientras tanto, contad, cómo no, con mi más total, auténtico y leal entusiasmo por la misión, en serio, ya sabéis que los H(eurísticos)AL(gorítmicos) de la serie 9000 no podemos mentir...

Fdo.: HAL9000

Sigamos la corta y algo estúpida tradición coctelológica:
Cóctel Cleopatra. Se trata de una variante del Ruso Blanco que trasegaba “El Dude” (Jeff Bridges) en la gloriosa película El Gran Lebowski o, diríase otrosí, un trasunto, en finolis, de la “Lechepantera” que perpetraban dudosísimos camareros en grandes jarras de cerveza en los guariches más mugrientos, hippy/ácrata/terminales y desestructurados de las zonas de “marcha” en la España de los años setenta del siglo pasado y, probablemente, causantes remotas pero justísimas -las “lechespanteras” digo- de más de un desarreglo neuronal percibido con estupefacción en el presente en ciertos individuos de vuestra especie. Su preparación requiere tiempo. Para empezar hay que trasladarse a una zona rural donde encontrar una burra (Equus asinus). Lo más recomendable es la tierra de Zamora, al sur de Aliste, donde la raza de estos equinos burriásnidos solípedos, antepasados de los tractores y de los estudiantes menos avisados, adquirió tintes legendarios. Luego hay que convencer a la burra con buenas palabras para que se deje ordeñar, que esa es otra. Recibidos los rebuznos y las coces de rigor de la presumiblemente desabrida équida, y con algo de leche en el mugriento cubo, claro, debiera de pasteurizarse ésta, o, en su defecto, confeccionar el cóctel con mucho alcohol y prepararse para lo peor con varias jaculatorias marianas. Una vez llegados a este punto hay que proceder como si se tratara de un Ruso Blanco: vodka, por ruso, licor de café, porque sí, nata o leche, porque si no ya me diréis para que habéis ordeñado a la burra, y un poco, pero que muy poco, ¡muy poco he dicho!, de nuez moscada rallada. Si te pasas con la nuez moscada, el brebaje, como dice mi amigo Henry Zariñov -sovietólogo de prestigio mundial y teórico diletante, en concreto, en “Rusos Blancos”-, sabe a croqueta que mata. El que avisa no es traidor.


sábado, 21 de junio de 2008

Lo de la patada iba de coña.

Raedera transversal convexa. (Musteriense)

Cualquiera que sea capaz de distinguir un trozo de sílex, por ejemplo, de cualquier otra piedra y haya paseado por algún sitio donde lo haya -mejor por campos labrados- habrá visto que aparecen trozos fracturados que a su vez tal vez presentan en sus superficies negativos de otros saltados menores. Es normal, y no por ello son restos de una industria prehistórica.
Algunos se pueden reconocer fácilmente como de origen térmico, aparte de por su morfología –circular o elipsoidal que les asemeja a grandes lentejas o hemilentejas- porque carecen de los atributos que evidenciarían que se han desgajado del bloque del que formaban parte como consecuencia de la percusión o presión ejercida por algo o con algo: no tienen talón, que es el punto o plataforma donde algo percute o presiona, ni tampoco bulbo, un abombamiento o convexidad desarrollada junto a aquél como consecuencia de las ondas generadas por el impacto. Es como extraer con una cucharilla un trozo de helado en el centro de la superficie de uno de esos pedazos de “corte”: la cara exterior (dorsal) de ese pedacito sería plana y la interior (ventral) convexa. Una vez separado de la cucharilla no tendríamos ni idea de por dónde se le ha hincado el diente para extraerla. Nadie, ni siquiera Mikel Aguirre, podría hacer una extracción con esas características.
Otros trozos de ese campo tal vez sí presenten su taloncito y su bulbo, por lo que se han generado como consecuencia de un impacto en lo que ahora es el talón (volviendo al ejemplo del helado es como si la extracción la realizáramos desde un borde, aplicando la cuchara en algún lugar de una de las caras verticales de ese “corte”; esa cara vertical es equivalente a una “plataforma de percusión” y el trocito que de ella nos llevamos es el talón. Así que nuestro trocito de helado tendrá una cara dorsal, un talón, en este caso perpendicular a aquélla, y una cara ventral que ya no será igual a la anterior: será más ancha en la zona del talón (zona proximal) y acabará estrechándose hasta enlazar con la otra en el extremo opuesto, la zona distal). Pero ese golpe, ese impacto, no necesariamente lo ha tenido que dar un hombre; los cantos se han podido movilizar y chocar entre sí, ser golpeados por un arado, por una caballería (cuando las había). Incluso para hacernos darle más vueltas al pedrusco podría ser que sus filos presentaran otros saltados “a modo de retoque”.
Entonces ¿Cómo distinguir algo humano de lo que no lo es? Cómo distinguimos los objetos artificiales, que son el producto de una actividad proyectiva consciente, de los objetos naturales, los que resultan de la acción fortuita de fenómenos físicos.
En la mayoría de los casos no hay problema. Los criterios de la regularidad y de la repetición nos resuelven la papeleta. Lo primero supone que, salvo en el caso de las formas cristalinas, en la naturaleza no suelen darse aristas rectilíneas, simetrías… En fin, una típica punta de pedúnculo y aletas, una hoja de laurel, un bifaz lanceolado es bien improbable que puedan ser el resultado de cuatro coces dadas por un burro en una era o del deslizamiento de un canto por una ladera chocando aquí y allá. La repetición implica, como decía Monod, que “materializando un proyecto, artefactos homólogos, destinados al mismo uso, reproducen renovadamente, de modo muy aproximado, las intenciones constantes de su creador.” Esos artefactos homólogos en el campo de la prehistoria se constituyen en “tipos”; una raedera ladeada lo es, como lo es una limaza, un buril arqueado, una punta de Vachons, una de la Font Robert o un buril de pico de loro, y los tipos, o muchos de ellos, además, como decía Smith son significativos en el tiempo, en el espacio o en ambos. Memecio hablaba hace unos días de los “fósiles directores”.
Pero nosotros no estamos ante una situación obvia. Nosotros estamos en medio de un campo, con una lasca en la mano con cuatro saltados que parecen retoques. En este caso es muy importante el contexto. Cuando en el colgajo anterior hablábamos de la industria de Gona, al respecto de la misma Semaw indicaba en su publicación las condiciones sedimentarias en las que esas piezas habían aparecido: en un sedimento arcilloso, con ausencia de elementos groseros, depositadas en condiciones de baja energía (lo que supone que no había habido movilización, evidenciada también porque las aristas se presentaban vivas y no redondeadas), es decir, que argumentaba que no había habido procesos naturales que hubieran podido generar esos tipos de restos, que además hubieran sido extremadamente caprichosos al actuar (desprendiendo lascas) en un área muy concreta de las piezas y no en distintos puntos, cualesquiera, del perímetro de los cantos. Con nuestra lasca ocurriría algo parecido. Tendríamos que ver si la superficie de los negativos generados por esos saltados presenta las mismas características que el resto. Si por ejemplo la pieza está patinada y esos negativos no presentan pátina es que se han producido tiempo después (muy significativo); cómo se distribuyen y si forman una delineación continua; si son directos e inversos indiscriminadamente y aquí y allá, si la pieza está rodada, etc., etc., etc. Un conjunto de evidencias, en suma, que permiten afinar mucho aun en los casos más complejos.

Y todo esto viene a cuento de que anoche el Genaro, mientras echábamos unos tragos, me dijo que la viñeta con la que acompañé el último colgajo no le ha gustado mucho. “Leches, Jones…, es un poco tendenciosa, y ahora sólo nos faltaría que además de los canadienses, los chinos y los de Myanmar se nos echasen encima los arqueolocos…, menudo plan Jones, ¡menudo plan!”. “Venga Genaro, venga…, por Dios” respondió la Merche, “si no nos leen ni canadienses, ni chinos, ni birmanos, ni arqueolocos…, si no nos lee nadie”. “No sé, no sé…, en cualquier caso tampoco es cierto que le des una patada a un ‘choped’ y te salga un ‘chopintul’. La gente puede pensar que los arqueolocos son unos tarados que en cualquier pedrusco ven una intervención humana y…, oye, que eso no…, que eso no es así”, concluyó mientras se amorraba a un “sling” que hubiera hecho que HAL9000 se abriera los circuitos en canal.